https://doi.org/10.29059/cienciauat.v20i2.2039
Insatisfacción
corporal en escolares: identificación de factores asociados en dos comunidades
rurales de Guerrero, México
Body
Dissatisfaction in schoolchildren: identification of associated factors in two
rural communities of Guerrero, Mexico
Rosa Iris Balbuena-Hernández1,
Grissel Deloya-Hernández2, Danny Wilson Sanjuanelo-Corredor3,
Ana Itzel Casarrubias-Jaimez2*
*Correspondencia:
anajaimez@uagro.mx/Fecha de recepción: 2 de julio de 2025/Fecha de aceptación:
18 de noviembre de 2025/Fecha de publicación: 3 de junio de 2026.
1Universidad
Autónoma de Guerrero, Coordinación de Vinculación de la Zona Sur, Acapulco de
Juárez, Guerrero, México, C. P. 39560. 2Universidad Autónoma de
Guerrero, Facultad de Enfermería núm. 2, Av. Paseo de la cañada S/N, Unidad
Habitacional Alta Progreso, Acapulco de Juárez, Guerrero, México, C. P. 39610. 3Universidad
de Ciencias Aplicadas y Ambientales, Facultad de Ciencias. Cl. 222 #55 - 37,
Bogotá, Colombia.
Resumen
La
insatisfacción corporal (IC) en la infancia representa un riesgo para la salud
física y mental, incluso en contextos rurales tradicionales. El objetivo del
presente estudio fue estimar el grado de IC e identificar factores asociados en
escolares de 4° a 6° grado de dos comunidades
rurales en Guerrero, México. Se aplicaron 139 encuestas a escolares. Se
recolectaron datos sociodemográficos y
antropométricos para calcular IMC con
la edad (IMC-edad), así como para explorar la percepción de imagen corporal y variables conductuales. El 51.1 % de
los menores fueron niñas y 48.9 % niños, con edad media de 10 años (rango 8 a 13 años). El análisis bivariado
mostró asociaciones significativas entre IC
e IMC-edad (OR = 7.600; IC95 %: 2.668 a 21.644), percepción del cuerpo
de la madre (OR = 2.375; IC95 %: 1.005 a
5.612), preocupación por perder peso
(OR = 2.772; IC95 %: 1.09 a
6.991) y prácticas para perder peso (OR = 3.200; IC95 %: 1.423 a 7.194). El 74.7 % de los escolares con peso saludable reportó preocupación por su imagen y 37.3 % de realizar prácticas para
modificarla, lo que sugiere internalización temprana de ideales de imagen
corporal, tanto de delgadez como de aumento
de peso. No se observaron diferencias significativas (P ≤ 0.05) por sexo
en IC. En conjunto, los hallazgos evidencian
la presencia de IC en población escolar de dos comunidades rurales y
subrayan la pertinencia de intervenciones preventivas sensibles al territorio y
enfocadas en la etapa escolar. Visibilizar la IC en la ruralidad podría
contribuir a reducir desigualdades estructurales y promover un desarrollo
integral más equitativo desde la infancia.
PALABRAS CLAVE: insatisfacción corporal, índice de masa corporal,
percepción de imagen corporal, obesidad infantil, México.
ABSTRACT
Body dissatisfaction (BD) in childhood poses risks to
physical and mental health, even in rural
settings traditionals. This study aimed to estimate
the degree of BD and identify associated factors among 4th–6th grade students
from two rural communities in Guerrero, Mexico. We administered 139 surveys to schoolchildren.
Sociodemographic and anthropometric data were collected to derive
BMI-for-age, along with measures of body image perception and behavioral variables. 51.1 % of minors participating were
girls and 48.9 % were boys with an average
age of 10 years (range from 8 to 13 years). Bivariate analyses showed
significant associations between BD and BMI-for-age (OR = 7.600; 95 % CI: 2.668 to 21.644), the perception of the mother's body (OR = 2.375; 95 % CI: 1.005 to 5.612),
concern about losing weight (OR = 2.772; 95 %
CI: 1.09 to 6.991), and weight-loss practices (OR = 3.200; 95 % CI:
1.423 to 7.194). Reported concern about their appearance and 37.3 %
engaging in practices to modify it,
suggesting early internalization of thinness ideals of body image, both
thinness and weight gain. No significantly differences (P ≤ 0.05) by sex in BD were observed. Overall, the findings demonstrate
the presence of body image issues in the school population of two rural communities and highlight the
relevance of preventive interventions that are contextsensitive
and focused on the school-age period. Making BD visible in rural contexts could help reduce structural inequalities
and promote a more equitable, comprehensive development from childhood.
KEYWORDS: body
dissatisfaction, body mass index, body image perception, childhood obesity,
Mexico.

INTRODUCCIÓN
La insatisfacción
corporal (IC) es un fenómeno multidimensional que surge de una valoración
negativa del propio cuerpo e involucra componentes
perceptuales, cognitivo-afectivos y conductuales (Quittkat
y col., 2019). Se asocia con riesgos para la salud mental y física, como trastornos de la conducta alimentaria (TCA), ansiedad y baja autoestima, especialmente
cuando se manifiesta en etapas tempranas (Lewis-Smith y col., 2020;
Smith y col., 2024).
Aunque la mayoría de
los estudios se han centrado en la adolescencia, como el de Goel y Goel (2024),
la preadolescencia, definida vagamente como el periodo entre los 8 o 9 años y
los 12, por Garey (2024), abarca etapas de la niñez (hasta los 9 años) y la
adolescencia temprana (10 años a 14 años) (WHO, 2011) también representa un
periodo crítico, caracterizado por cambios físicos, sociales y psicológicos que
pueden distorsionar la percepción corporal y favorecer patrones de IC (Casarrubias-Jaimez
y col., 2020; Moradi y col., 2020; Goel y Goel, 2024). Por ello, abordar
la IC en preadolescentes de nivel primaria constituye una estrategia preventiva
clave para preservar la salud integral.
En la población
infantil, la IC muestra vínculos consistentes con indicadores conductuales y
antropométricos, como el índice de masa corporal (IMC). En una cohorte del
Reino Unido se observó que, a mayor IMC, mayor infelicidad con la apariencia
entre niños de 11 años, siendo esta asociación más pronunciada en las niñas que en los niños (Creese y col., 2023).
Asimismo, en escolares de primaria se ha documentado que la preocupación por el
peso y las conductas para perderlo (por ejemplo, realizar dietas) coexisten
tempranamente con la IC, conformando un perfil de riesgo que la literatura
recomienda monitorear desde la edad escolar, entre 6 y 12 años (Pursey y col.,
2021). Estos hallazgos subrayan que la IC no solo refleja la percepción física
individual, sino que también se relaciona con presiones socioculturales sobre
la imagen corporal.
Para comprender cómo
se construye la imagen corporal en niñas y niños, resulta útil considerar
marcos teóricos que expliquen la influencia del entorno sociocultural. Uno de
los más reconocidos es el modelo de influencia tripartita, que plantea que la
familia, los pares y los medios de comunicación actúan como agentes clave en la
formación de la IC y en el desarrollo de la IC desde etapas tempranas (Stice y
Shaw, 2002). Estudios recientes confirman que la exposición a los medios y la
presión de pares y familia se asocian con la IC, y que este efecto se explica,
en parte, por la internalización del ideal de delgadez (Duan y col., 2022;
Dahlgren y col., 2024; Zanlorenci y col., 2024). Asimismo, las influencias familiares
y de los pares se relacionan con un mayor
riesgo de TCA (Dahill y col., 2021; Rienecke y Danielson, 2024). En este sentido, la
percepción del cuerpo de la madre y del padre es un indicador del clima
sociocultural del hogar y de los modelos corporales familiares, dado que la IC
parental se asocia con una mayor IC infantil (Solano-Pinto y col., 2021),
mientras que niveles más altos de confianza
en la relación madre/padre–hijo se vinculan con menor IC en escolares
(De-Coen y col., 2024).
Abordar la IC en
contextos rurales es igualmente relevante, ya que las dinámicas sociales,
culturales y de salud difieren de las urbanas (Jackson y col., 2003). Aunque
algunos estudios no han encontrado diferencias significativas en los niveles
generales de IC entre áreas urbanas y rurales (Rivera-Ochoa y col., 2021), en
la ruralidad se han descrito condiciones que pueden modular su expresión, como perfiles nutricionales específicos y
barreras de acceso a servicios especializados. En México, se han documentado limitaciones en la atención a la salud mental
en comunidades rurales (González-Robledo y col., 2023), así como una
orientación consistente hacia la delgadez (García-Mendoza, 2021). Además, se ha
evidenciado que la IC y las representaciones alimentarias se construyen en
marcos socioculturales propios del territorio (Pacheco-Cruz y col., 2020). Por
ello, este estudio considera el entorno
rural como un factor clave para
analizar la IC en población escolar.
El objetivo del
presente estudio fue estimar el grado de IC e identificar su asociación con el
IMC, la preocupación por el peso, las prácticas para perder peso, el sexo, el
nivel socioeconómico, y la percepción del cuerpo de los padres, en escolares de 4° a 6° grado, de dos comunidades rurales
de Guerrero, México.
MATERIALES Y MÉTODOS
Población de estudio
Se realizó un estudio
transversal en junio de 2024, para el cual, se eligieron dos localidades rurales
del municipio de Acapulco de Juárez, Guerrero, México, por contar con menos de 2
500 habitantes; Sabanillas tenía 1 861 habitantes (INEGI, 2025a) y Ejido Nuevo 2 304 habitantes (INEGI,
2025b). Se llevó a cabo mediante un muestreo no probabilístico por
conveniencia. El levantamiento de datos se efectuó en las dos únicas escuelas primarias públicas registradas
durante el período del estudio: una en Sabanillas y otra en Ejido Nuevo. Se
trabajó con los 143 alumnos de 4°, 5° y 6° grado, con matrícula vigente,
que asistieron el día de la encuesta, pero se excluyeron a 4 participantes que
no completaron la encuesta, por lo que se
obtuvieron 139 expedientes.
Se capacitó a 12
estudiantes de la Licenciatura en Enfermería de la Universidad Autónoma de
Guerrero. La capacitación incluyó una sesión teórica y práctica sobre el
protocolo de aplicación del instrumento y las técnicas estandarizadas de
medición de peso y talla. Durante el entrenamiento se realizaron ejercicios de
estandarización y práctica supervisada, con el fin de reducir la variabilidad
entre los 12 evaluadores. Durante el levantamiento, los encuestadores leyeron
en voz alta cada pregunta, mientras los escolares registraban sus respuestas de
forma individual. Los facilitadores
resolvieron las dudas que surgieron durante el proceso de aplicación.
Insatisfacción
corporal
Para evaluar la IC en
escolares, se utilizó la escala diseñada por
Castro (2014), conformada por seis
siluetas para niñas y seis siluetas para niños, que representan cuerpos
cuyo IMC varía desde bajo peso hasta obesidad. Las siluetas uno y dos,
representaron cuerpos con bajo peso; la tercera, cuerpos con peso saludable; la
cuarta y quinta, cuerpos con sobrepeso; y la sexta, cuerpos con obesidad. El
procedimiento de aplicación replicó el utilizado en población escolar guerrerense por Casarrubias-Jaimez y col.
(2020). La escala se administró en dos momentos: en el primero, los
participantes seleccionaron la imagen corporal
percibida (ICP), y en el segundo, la imagen corporal deseada (ICD). A cada
silueta se le asignó un valor
numérico correspondiente a su posición en la escala, manteniendo el
mismo criterio para ambas mediciones.
El grado de IC, se
estimó de la resta del valor de la ICP menos el valor de la ICD usando la
siguiente fórmula:
Grado de
IC = ICP – ICD
Donde:
ICP = Imagen corporal
percibida
ICD = Imagen corporal
deseada
Según el valor
obtenido, se clasificaron los siguientes grados de IC (Oliva-Peña y col.,
2016): 0, satisfecho; 1, ligeramente insatisfecho; 2, moderadamente
insatisfecho; y ≥ 3, severamente insatisfecho. A todos los participantes que
presentaron algún grado de IC, se les clasificó como insatisfechos. Cuando la
diferencia entre la ICP e ICD fue negativa, es decir, cuando el escolar
seleccionó una silueta más robusta, se
clasificó como IC orientada al aumento corporal. En estos casos, se
conservó el signo negativo para indicar dicha orientación y se clasificó como ligeramente insatisfecho por
bajo peso y moderadamente insatisfecho
por bajo peso.
Preocupación por la
imagen corporal
A
partir del instrumento de medición diseñado por Casarrubias-Jaimez y col.
(2020), se evaluaron la preocupación por la IC y las prácticas seguidas para
perder peso, mediante seis preguntas. Para evaluar la
preocupación por el peso, asociado directamente con la IC, se incluyeron tres
reactivos: ¿Crees que las personas consideran que estás muy delgado?, ¿Crees
que las personas consideran que tienes sobrepeso u obesidad? y, ¿Tú quisieras
perder peso? A partir de estas preguntas se creó la variable preocupación,
codificada como 1 = sí, si el participante respondió
afirmativamente al menos a una de las tres
preguntas; y 0 = no, si todas fueron negativas.
Para
evaluar prácticas para perder peso, se consideraron
los reactivos: ¿Has intentado dejar de comer?, ¿Tienes miedo de comer
porque piensas que vas a subir de peso? y, ¿Has realizado alguna dieta para
tratar de perder peso? Esta variable se codificó de la misma forma 1 = sí, si respondió afirmativamente
al menos a una de las tres preguntas; 0 = no, si no respondió afirmativamente a
ninguna.
Percepción corporal de
los padres
Se incluyó la
percepción del cuerpo de la madre y del padre, debido a que la IC parental se
asocia con una mayor IC infantil (Solano-Pinto y col., 2021). Para determinar
la percepción que tenían los menores respecto del cuerpo de los padres se
aplicó la escala propuesta por Stunkard y Albaum (1981), que presenta nueve
siluetas para hombres y nueve para mujeres,
representando cuerpos desde delgados hasta más robustos. Esta escala
presenta nueve figuras ordenadas desde muy delgado hasta muy robusto. Debido a que
el instrumento no establece categorías clínicas de estado nutricional, para
fines analíticos, las siluetas fueron
agrupadas en categorías aproximadas de bajo peso (1), peso saludable (2
a 5), sobrepeso (6 a 7) y obesidad (8 a 9), siguiendo criterios utilizados en
investigaciones previas que emplean esta escala para aproximar el estado corporal percibido (Casarrubias-Jaimez
y col., 2020).
Medidas
antropométricas
La estatura se les
midió descalzos, en bipedestación, con talones, glúteos y parte alta de la
espalda en contacto con la pared, y la cabeza en el plano de Frankfurt. Se
utilizó una cinta métrica, flexible, no extensible, graduada en cm, de uso
manual, utilizada ampliamente en mediciones
antropométricas de campo cuando no se dispone de equipo estandarizado, la cual fue fijada verticalmente; y se usó un tope
cefálico rígido en ángulo recto para marcar el vértice.
Para obtener el peso,
se colocó una báscula mecánica (Weightcare modelo
WCS-0410, China) en una superficie plana y nivelada. Los participantes fueron
pesados con ropa ligera y sin objetos, esperando la estabilización de la aguja
antes de la lectura. Con estos datos se determinó el IMC y se clasificó por
edad y sexo, según lo planteado por el Centro para el Control y la Prevención
de Enfermedades (CDC, por sus siglas en
inglés: Center for Disease Control
and Prevention) de
Estados Unidos. Dichos criterios utilizan percentiles del IMC para definir las categorías de peso: valores por
debajo del percentil 5 se consideran bajo peso; entre los percentiles 5 y 84,
peso saludable; entre el 85 y el 95, sobrepeso; y por encima del percentil 95, obesidad (CDC, 2021). Por claridad
terminológica, en lo sucesivo se utiliza
“IMC-para-la-edad”, abreviado como “IMC-edad”, para referirse a las categorías
de peso (CDC, 2021) derivadas de los percentiles de IMC por edad y sexo.
Análisis de datos
Frecuencias simples
La base se integró en
formato .csv y se verificó su consistencia antes del
análisis. Se realizaron análisis descriptivos de frecuencias y estimación de
porcentajes para todas las variables.
Análisis bivariado
Para el análisis
bivariado se delimitó a la IC orientada a la delgadez (IC > 0), excluyendo a
las y los escolares cuya IC se orientó al aumento corporal (IC < 0), debido
a que esta puede involucrar determinantes distintos, lo que compromete la comparabilidad
con la literatura y la estabilidad de las
estimaciones en una muestra acotada (Rodgers y col., 2014).
Las asociaciones se
estimaron como odds ratios (OR) con intervalos de
confianza del 95 % (IC 95 %) a partir de
tablas de contingencia 2 x 2. Los análisis se realizaron en IBM SPSS Statistics 23 (IBM Corp., Armonk,
NY, USA) y MedCalc®. Cuando las tablas presentaron
frecuencias esperadas < 5, particularmente en los análisis estratificados
por sexo y percepción del físico parental, los valores de significancia estadística se estimaron mediante la prueba
exacta de Fisher. En el resto de los análisis se utilizó la prueba Chi-cuadrado
de Pearson. Para garantizar conteos
suficientes por celda y favorecer la
comparabilidad con la literatura (Casarrubias-Jaimez y col., 2020), las
variables se dicotomizaron de la siguiente manera: la variable de resultado, IC
orientada a la delgadez, se codificó como 1
= insatisfecho/a orientado a la delgadez (IC > 0) y 0 = satisfecho/a
(IC = 0); la variable comunidad se clasificó en Sabanillas y Ejido Nuevo; la
edad se agrupó en 8 a 10 años y 11 a 13 años, puntos de corte que reflejan
etapas del desarrollo relevantes para la IC. El IMC se categorizó como
sobrepeso/obesidad (percentil ≥ 85) y bajo peso/peso saludable (percentil <
85), conforme a los criterios del CDC (2021).
La percepción del
cuerpo de la madre y la del padre, se
clasificaron en sobrepeso/obesidad (siluetas 6 a 9) y bajo peso/peso
saludable (siluetas 1 a 5) (Stunkard y Albaum, 1981).
Consideraciones éticas
Se obtuvo anuencia
institucional de los directores de ambas escuelas. Dado el carácter de riesgo
mínimo del estudio, su naturaleza anónima y la ausencia de procedimientos
clínicos o recolección de muestras biológicas, se implementó un procedimiento
de consentimiento informado verbal con madres, padres o tutores, gestionado por
la dirección escolar. La aceptación se documentó administrativamente y se
respetó el derecho a no participar. Adicionalmente, todas y todos los escolares
otorgaron su asentimiento antes de responder. Este esquema es consistente con
precedentes en entornos escolares mexicanos
(Casarrubias-Jaimez y col., 2020).
RESULTADOS
Insatisfacción
corporal
Del total de la
muestra (n = 139), 51.1 % fue-ron niñas y 48.9 % niños; 24 niños (17.3 %) y 35
niñas (25.2 %) pertenecían a la localidad de Sabanillas; mientras que 44 niños
(31.7 %) y 36 niñas (25.9 %) al Ejido Nuevo. La edad promedio fue de 10 años, y
se distribuyó de la siguiente manera: 8 años (0.7 %), 9 años (23 %), 10 años
(30.2 %), 11 años (29.5 %), 12 años (15.1 %) y 13 años (1.4 %). Al momento del
estudio, los participantes cursaban 4°, 5° y 6° grado (40.3 %, 28.8 % y 30.9 %,
respectivamente). El peso mínimo fue 20 kg y el máximo 68 kg. La estatura osciló entre 124 cm y 167 cm. Conforme
a las categorías del IMC-edad definidas por el CDC (2021), de la ICP, 8.6 %
presentó bajo peso, 59.7 % peso saludable, 18 % sobrepeso y 13.7 % obesidad.
Los
resultados mostraron una discordancia apreciable entre el estado nutricional
real (IMC-edad) y la ICP (Tabla 1). Entre escolares con peso
saludable (n = 83), el 50.6 % se identificó
con su categoría real, 21.7 % se percibió
con sobrepeso y 27.7 % con bajo peso.
En bajo peso (n = 12), la coincidencia fue baja (25.0 %): la mayoría (66.7 %) se percibió con peso saludable y 8.3 % incluso con sobrepeso. En sobrepeso (n = 25),
68 % se identificaron correctamente; 28 % se subestimaron (peso saludable/bajo peso) y 4 % se sobreestimaron (obesidad). En obesidad (n = 19), 78.9 % se percibieron con
sobrepeso, 10.5 % con peso saludable, y solo el 10.5 % coincidió con su
categoría real.

La distribución de la
ICD en función del IMC-edad, correspondiente
a un peso saludable, reveló que el 38.6 % de la población estudiada
deseaba tener la silueta que tenía, mientras que el 37.3 % deseaba tener bajo
peso, y el 24.1 % sobrepeso. En bajo peso, solo el 33.3 % deseaba tener un peso
saludable, mientras que el 50 % seleccionó la silueta de sobrepeso, solo el
16.7 % coincidía con su ICD. Entre los menores con un IMC-edad correspondiente
a sobrepeso, 24 % deseaba tener la silueta que
tenían, pero 48 % prefirieron la imagen de peso saludable y 28 % la de
bajo peso. El 26.3 % de los menores con obesidad seleccionaron la silueta de
sobrepeso, 52.6 % la de peso saludable y 21.1 % la de bajo peso. Ninguno de los
menores eligió la silueta correspondiente a la mayor obesidad; el máximo
aspiracional en el extremo de mayor robustez se concentró en sobrepeso.
Grado de IC
La distribución del
grado de IC orientada a la delgadez (Tabla 2) indica que el 51.8 % mostró algún
nivel de insatisfacción con su ICP (IC > 0). Entre los satisfechos (28.1 %)
con su IC predominaron quienes tenían un peso saludable (76.9 %), seguidos de los de bajo peso (10.3 %). Cabe
destacar, que los infantes con peso saludable, fueron
quienes estuvieron mayormente insatisfechos en los grados de moderadamente y
ligeramente, respectivamente. Únicamente en obesidad fue más constante el grado
de severamente insatisfecho.

El grado de IC
orientado al aumento de peso corporal se manifestó en 5 menores con bajo peso y
22 con peso saludable en las dimensiones ligeramente y
moderadamente (Tabla 2). Solo 1 de los 25 menores con sobrepeso mostró
ligera IC orientada al aumento corporal, pero ninguno de los 19 participantes
con obesidad manifestó IC orientada a
aumentar su peso. La distribución del IMC-edad por sexo, entre las niñas fue de bajo peso (7 %), peso
saludable (63.4 %), sobrepeso (15.5 %) y obesidad (14.1 %). Entre los
niños fue bajo peso (10.3 %), peso saludable
(55.9 %), sobrepeso (20.6 %) y obesidad (13.2).
Preocupación por la
imagen corporal
En cuanto a la
proporción de escolares con preocupación por el sobrepeso y prácticas para
perder peso según IMC-edad, la preocupación fue elevada en todas las categorías
(Tabla 3), incluso en bajo peso (91.7 %) y peso saludable (74.7 %), lo que
sugiere internalización generalizada de ideales de delgadez. En contraste, las
prácticas para perder peso exhibieron un
gradiente por estado nutricional, incrementándose de 8.3 % (bajo peso) a
37.3 % (peso saludable) y superando 70 % en sobrepeso (76 %) y obesidad (78.9
%).

Análisis bivariado
La
IC se asoció significativamente con: IMC-edad
(OR = 7.60; IC95 %: 2.66 a 21.64), percepción del cuerpo de la madre (OR =
2.37; IC95 %: 1.00 a 5.61), preocupación por perder
peso (OR = 2.77; IC95 %: 1.09 a 6.99) y prácticas
para perder peso (OR = 3.20; IC95 %: 1.42
a 7.19) (Tabla 4). Si bien, la magnitud del OR para IMC-edad es consistente con
la literatura (Casarrubias-Jaimez y col., 2020), el intervalo de confianza
amplio refleja imprecisión por celdas escasas y tamaño muestral; por tanto, el hallazgo es exploratorio y requiere confirmación en muestras mayores.

El
análisis bivariado del IMC-edad, contrastando los factores sobrepeso/obesidad
frente a bajo peso/peso saludable mostró que el primer factor se asoció con
mayor probabilidad de IC (Tabla 4). Al estratificar este efecto del IMC-edad
sobre la IC, en función del sexo (Tabla 5), se
observó que se acentúa en su estimación global, así
como en niñas (OR = 6.72; P = 0.01) y en niños (OR = 10.76; P = 0.00). Por
grupos etarios, el patrón se intensifica en 11 a 13 años (niñas OR = 18.47; P =
0.05; niños OR = 18.00, P = 0.01) y es más modesto o no concluyente en 8 a 10
años (niñas OR = 2.42, P = 0.33; niños OR = 7.3, P = 0.03). Sin
embargo, esta estratificación arrojó estimaciones
inestables para ambas variables (IC 95 % muy amplios por celdas pequeñas), lo que sugiere
imprecisión más que un efecto robusto y posible atenuación por clasificación no diferencial.

Percepción
corporal de los padres
En el
análisis global, la percepción del cuerpo de la madre con sobrepeso/obesidad
mostró una asociación limítrofe o inestable con la IC (OR = 2.37; IC95 %: 1.00
a 5.61; P = 0.048); dado que el límite inferior del IC95 % apenas supera la
unidad y el intervalo es amplio (Tabla 6); la percepción del cuerpo del padre
reportó un límite muy por debajo de la unidad, aunque el intervalo no fue tan amplio (OR = 0.18; IC 95 %: 0.02 a 1.51; P =
0.11). Estos resultados deben interpretarse con cautela y confirman la
necesidad de estudios con mayor tamaño
muestral, medidas parentales objetivas
y modelos que consideren interacción/confusión por estado nutricional
del menor y normas familiares/territoriales.

DISCUSIÓN
Los resultados
muestran que la IC se asoció significativamente
con el IMC-edad, la percepción del cuerpo de la madre, la preocupación por perder peso y las prácticas para perder peso
en escolares de dos comunidades rurales del estado de Guerrero, México (Tabla 4). Esto
es consistente con investigaciones previas que han documentado la
relación entre un IMC elevado y una mayor
discrepancia entre la ICP y la ICD
(Casarrubias-Jaimez y col., 2020; Bordeleau y col., 2021; Ríos-Reyna y col., 2024).
Dicha asociación puede explicarse por el papel que desempeña el peso corporal en la construcción de la IC y su vínculo con la internalización de ideales estéticos promovidos desde
edades tempranas —como la delgadez—, particularmente
a través de los medios de comunicación (Holsen y col., 2012). Al
desagregar por sexo y edad, el patrón se mantuvo en niñas y niños, con efectos más marcados en 11 a 13 años y
estimaciones más modestas o no concluyentes en 8 a 10 años (Tabla 5). Esto
sugiere que la fuerza de la asociación IMC-edad→IC
aumenta en la preadolescencia temprana, más que ser “indistinta” por sexo en
todo el rango etario. En consonancia con la literatura (Casarrubias-Jaimez y
col., 2020; Ríos-Reyna y col., 2024), un mayor peso corporal se vincula con
mayores discrepancias entre ICP e ICD (Tabla 1), pero los datos precisan que la
magnitud del efecto depende de sexo y edad (Tablas 4 y 5), por lo que las intervenciones deberían considerar estas
estratificaciones.
Se observó una
discordancia sistemática entre el IMC-edad y la ICP en todas las categorías,
incluida la de peso saludable, junto con un patrón aspiracional que evita las
siluetas de obesidad y privilegia la delgadez. Dichos patrones corroboran
inconsistencia perceptiva en todas las categorías, donde una fracción no menor
se percibe más delgada o más pesada que sus
mediciones objetivas (Tabla 1). Este perfil sugiere una combinación de
subestimación del tamaño corporal en exceso
ponderal y delgadez aspiracional aun en niñas y niños sin exceso de
peso, coherente con lo reportado en población
escolar latinoamericana y mexicana sobre la presencia de ideales delgados
y su asociación con malestar corporal desde edades tempranas
(Casarrubias-Jaimez y col., 2020; Andrés y col., 2023; Ríos-Reyna y col.,
2024). Al mismo tiempo, se detectó un subgrupo menor con IC orientada al
aumento corporal concentrado en bajo peso/peso saludable, lo que apunta a la
coexistencia de ideales diferenciados, descrita recientemente en adolescentes y
que puede emerger ya en la niñez (Gonzaga y col., 2023; Zanlorenci
y col., 2024). En conjunto, los hallazgos del presente estudio refuerzan que la
IC en la infancia no es un fenómeno unidimensional: coexisten sesgos y metas
corporales divergentes, con mayor peso relativo de la delgadez como ideal
(Tabla 2); sin embargo, la evidencia de riesgo de conductas de control de peso
en escolares sin exceso ponderal (Tabla 3)
refuerzan la pertinencia de acciones preventivas ajustadas al estado
nutricional; intervenciones preventivas
que, además de educación nutricional,
incorporen componentes de apreciación corporal y alfabetización mediática para
atenuar la internalización de estándares estéticos y sus efectos sobre el bienestar (Kurz y col., 2022).
En los datos obtenidos
en el presente estudio, la percepción del cuerpo materno alcanzó una asociación
estadísticamente significativa (P ≤ 0.05), aunque limítrofe, con la IC
infantil. Este hallazgo es coherente con la literatura que sitúa a la familia,
particularmente a la figura materna, como agente sociocultural clave
en la configuración temprana de la imagen corporal (Liu y col., 2023). Desde el modelo tripartita, la familia
constituye una de las tres principales
fuentes de influencia en la internalización de ideales de apariencia,
junto con pares y medios de comunicación (Stice y Shaw, 2002). Revisiones
recientes subrayan que, junto con pares y medios de comunicación, el entorno
familiar aporta normas de apariencia y prácticas de control del peso (Dahlgren
y col., 2024; Zanlorenci y col., 2024). En población
escolar, se ha documentado que, mayores
niveles de presión o preocupación parental por el peso se asocian con
mayor IC y conductas alimentarias de riesgo. No obstante, en el presente
estudio el intervalo de confianza fue amplio y su límite inferior apenas superó
la unidad, lo que sugiere una asociación potencial pero estimada con
imprecisión. Por ello, se interpreta este resultado como consistente con el modelo tripartita, aunque aún susceptible de confirmación
mediante muestras mayores, mediciones objetivas del IMC parental y escalas
validadas de influencia familiar, así como análisis que exploren posibles interacciones
por sexo y edad. También es conveniente explorar los dos aspectos no analizados
en este estudio del modelo tripartita, la influencia
de los pares y los medios de comunicación.
En una cohorte de
adolescentes brasileños (2007 a 2018) se documentó un aumento en la prevalencia
global de IC y la coexistencia de ideales diferenciados: mayor insatisfacción
por percibirse delgados (deseo de robustez) en varones y mayor insatisfacción por
sobrepeso (deseo de delgadez) en mujeres. Estos patrones son congruentes con la
influencia de normas de apariencia que asocian la delgadez con esbeltez y la
robustez con muscularidad, probablemente reforzadas por presiones socioculturales provenientes de los pares, los
medios y la familia (Gonzaga y col., 2023). En la muestra, la IC orientada a la
delgadez fue predominante; los análisis exploratorios estratificados por sexo y
edad no evidenciaron un patrón consistente de mayor “deseo de robustez” en
varones. Por el contrario, el factor que concentró la asociación con la IC en ambos sexos fue el sobrepeso/obesidad
(Tabla 5). Dado que varios IC 95 % fueron amplios, estos indicios deben interpretarse con cautela.
En este marco, la
presencia de preocupación por el peso y las
prácticas para perder peso en edad escolar puede operar como señales tempranas
de riesgo (Tabla 3) que los programas escolares de prevención de obesidad
deberían monitorear y mitigar. Lejos de contraponerse a dichos programas, los hallazgos sugieren fortalecerlos con
componentes de imagen corporal. La literatura reciente indica que las
intervenciones escolares que incorporan estos módulos han mostrado mejorar la
imagen corporal y la alfabetización mediática en jóvenes, potenciando la
prevención primaria sin efectos adversos sobre la promoción de salud física
(McLean y col., 2016; Kurz y col., 2022). Asimismo, estudios muestran que la
presión percibida sobre la apariencia y la internalización
de ideales corporales se asocian con mayor IC y conductas de riesgo,
especialmente en adolescentes (Dahlgren y col., 2024; Zanlorenci
y col., 2024). Por tanto, la integración de
salvaguardas psicosociales en las estrategias escolares de salud
favorece un equilibrio entre el cuidado del estado nutricional y la protección
de la salud mental infantil.
Si bien, el presente
diseño no permite comparar directamente los contextos rural y urbano, sí se han
descrito diferencias por lugar de residencia en composición corporal y
conductas relacionadas con el peso, vinculadas con la manifestación de la IC.
Por ejemplo, Rivera-Ochoa y col. (2021) reportaron contrastes entre
adolescentes rurales y urbanos en estado nutricional, actividad física y
sedentarismo asociados con IC.
En México y otros
países latinoamericanos, las normas
comunitarias y familiares, junto con la exposición a medios de comunicación, se
entrelazan para moldear los ideales de apariencia, observándose
asociaciones consistentes entre la internalización de estos ideales y una mayor
IC (UNICEF, 2021; Andres y col., 2024). A ello se
suma el acceso limitado a servicios de salud mental en zonas rurales, donde los
circuitos de referencia son frágiles y la detección oportuna de problemas
relacionados con la imagen corporal puede verse retrasada (González-Robledo y
col., 2023). En el caso de Guerrero, los estudios previos se han centrado principalmente en zonas urbanas de
Acapulco (Casarrubias-Jaimez y col., 2020), por lo que abordar la IC en
entornos rurales constituye una contribución inicial para visibilizar una
problemática poco estudiada y resalta la necesidad de desarrollar estrategias de salud pública sensibles al contexto
territorial, cultural y estructural.
En este estudio, el
sexo no mostró asociación significativa con la IC (Tabla 4); aunque, al condicionar por IMC-edad emergió un
patrón consistente: tanto en niñas como en niños, el sobrepeso/obesidad se
asoció con mayor probabilidad de IC frente a
bajo peso/peso saludable (Tabla 5),
sin embargo, no hubo significancia en niñas de 8 a 10 años. Esto sugiere que el gradiente ponderal es el determinante principal de la IC en ambos sexos y
ayuda a explicar por qué el “efecto sexo” aislado puede diluirse cuando
no se controla por estado nutricional. La
desagregación por edad matiza el cuadro señalando que entre 11 a 13
años, la relación IMC-edad→IC es más intensa, compatible con transiciones puberales y mayor saliencia de normas de apariencia;
en 8 a 10 años el patrón es más modesto. No
obstante, varios IC 95 % amplios reflejan celdas pequeñas y potencia
limitada, por lo que estos indicios de posible modificación del efecto por edad, y consistencia por sexo, se deben interpretar como exploratorios, aunque
alineados con la literatura que identifica al IMC como predictor robusto de IC
en población escolar (Bordeleau y col.,
2021; Ríos-Reyna y col., 2024).
Este
estudio presenta algunas limitaciones que deben
considerarse. Los porcentajes son descriptivos
de dos escuelas rurales específicas y no deben interpretarse como estimaciones
estatales o nacionales; por ello, se debe
evitar comparaciones directas; y se circunscribió la discusión a la
evidencia disponible y a las limitaciones muestrales
propias. Aunque la muestra incluyó
la totalidad de la población escolar presente durante una jornada
regular en las dos únicas escuelas de las comunidades
rurales estudiadas, lo que confiere solidez contextual a los hallazgos, su
extrapolación directa a otras comunidades rurales
debe hacerse con precaución. Además, una distribución equilibrada por sexo no
reduce la variabilidad por sí misma; lo que
limita la precisión es la fragmentación en estratos sexo×edad×IMC,
que genera conteos pequeños e incertidumbre. No se observó un efecto principal del sexo (Tabla 4), pero a
mayor IMC-edad, el riesgo de IC aumenta en ambos sexos, con señales más notorias en 11 a 13 años (Tabla 5); futuras muestras mayores deberían probar
formalmente las interacciones sexo×IMC y edad×IMC. Si bien, los análisis bivariados
permitieron identificar asociaciones
significativas entre la IC y variables como el IMC, la preocupación por el peso y las prácticas para perderlo (Tabla 4), el
diseño fue transversal, por lo que se
requieren futuras investigaciones con enfoques longitudinales que permitan comprender cómo evoluciona
la IC y sus factores asociados a lo largo del desarrollo infantil y
adolescente, lo que contribuiría a una mejor focalización de políticas públicas
según grupo etario.
Por otro lado, la
medición de la percepción corporal de los padres mediante la escala de siluetas
de Stunkard y Albaum (1981), instrumento
originalmente diseñado para la autopercepción corporal en adultos por su
carácter visual, facilita su aplicación, sin embargo, no existe evidencia de validación específica para que menores
evalúen el cuerpo de sus padres, por lo que
esta aproximación debe interpretarse con cautela. También se debe considerar
que no se incorporaron variables como la exposición
a redes sociales, las cuales han mostrado una influencia creciente en la
construcción de la IC desde edades tempranas (Suhag y
Rauniyar, 2024). Futuras investigaciones deberían incorporar variables como la exposición a
redes sociales, su frecuencia y tipo de contenido, considerando que estas
plataformas actúan como agentes socioculturales influyentes, tal como lo
plantea el modelo de influencia tripartita (Stice y Shaw, 2002).
En
México, los mensajes y modelos sobre hábitos saludables y
control del peso forman parte del sistema educativo oficial, por lo que se
imparte en todas las escuelas, urbanas y rurales; por ejemplo, la estrategia
nacional de Vive saludable, vive feliz del modelo educativo la Nueva Escuela
Mexicana, ofrece prescripciones sobre cuerpo y salud que pueden interactuar con
normas estéticas mediáticas y familiares (Gobierno de México, 2025). Sin embargo, los resultados refuerzan la necesidad de
diseñar intervenciones preventivas adaptadas al contexto rural, orientadas a
disminuir la preocupación por el peso y
modular las posibles prácticas no supervisadas para adelgazar en edad escolar. La escuela se plantea
como una plataforma accesible y estratégica, articulada con la familia y la
atención primaria, para implementar acciones como alfabetización mediática,
promoción de la apreciación corporal, mensajes no centrados en el peso,
tamizajes breves y rutas locales de referencia. Además de reducir la IC, estas
intervenciones podrían mejorar otras dimensiones del bienestar infantil como el
sueño, la autoestima y la salud emocional,
tal como se ha documentado recientemente (Lin y col., 2024).
A partir de los
hallazgos observados, se sugiere impulsar políticas públicas orientadas a la
promoción de la salud mental y corporal en la niñez, fortaleciendo la
capacitación del personal sanitario en la detección temprana de alteraciones en
la percepción corporal, así como el desarrollo de iniciativas comunitarias que favorezcan entornos protectores. Estas estrategias
deben estar especialmente dirigidas a la población escolar rural, dada la
limitada evidencia disponible y el potencial que representan estas comunidades
para la prevención primaria (Sinha y col., 2024).
El hallazgo del grupo
de niños cuyo deseo corporal se orienta hacia una mayor robustez destaca la
importancia de mantener un enfoque integral del bienestar infantil que
considere la salud física y emocional, el fortalecimiento de la educación
nutricional, el acceso equitativo a alimentos saludables y la implementación de
programas de suplementación acordes con los contextos rurales. En coherencia
con las estrategias nacionales para reducir sobrepeso y obesidad, las acciones
escolares y comunitarias deberían priorizar la educación nutricional basada en
evidencia, el acceso a alimentos saludables y el seguimiento clínico oportuno, cuidando que los mensajes y las
prácticas no generen estigma ni malestar corporal, especialmente en menores con
mayor predisposición al exceso de peso a lo largo de la vida. Se recomienda
promover lenguaje no centrado en el peso, apreciación corporal y rutas de referencia
en salud mental, de modo que la mejora de los indicadores físicos no se logre a
costa del bienestar psicológico.
CONCLUSIONES
Los hallazgos de este
estudio evidencian que la IC está presente desde etapas tempranas del
desarrollo, incluso en comunidades rurales, y se asocia significativamente con
el IMC, la percepción del cuerpo de la madre, la preocupación por el sobrepeso
y las prácticas para perder peso. Dicha evidencia cuestiona la idea de
que las infancias rurales están menos expuestas a los modelos estéticos
hegemónicos e identifica una problemática poco visibilizada en esos contextos. La novedad del estudio es
empírica y aporta evidencia en escolares mexicanos
de cuarto a sexto grado de dos comunidades
rurales de Guerrero. Empleando métodos e instrumentos ampliamente
usados, esta base respalda intervenciones preventivas sensibles al territorio y
al entorno escolar y su incorporación en la agenda pública para reducir
desigualdades y proteger el bienestar físico y emocional desde la niñez.
Declaración de conflicto de
intereses
Los autores declararon
no tener conflictos de intereses de ningún tipo.
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