https://doi.org/10.29059/cienciauat.v20i2.2064
Prevalencia y caracterización de la
sintomatología depresiva en estudiantes universitarios
The prevalence
and characterization of depressive simptomatology in
university students
Sintomatología
depresiva en estudiantes universitarios
César Antonio Tapia-Varela1*,
José Raúl Tapia-Varela2, Erika Jazmín Bañuelos-Ramírez1
*Correspondencia:
cesar.tapia@uan.edu.mx/Fecha de recepción: 8 de octubre de 2025/Fecha de
aceptación: 13 de marzo de 2026/Fecha de publicación: 18 de mayo de 2026.
1Universidad
Autónoma de Nayarit, Unidad Académica de Educación y Humanidades, calle cuatro
núm. 9, Lagos del Country, Tepic, Nayarit, México, C. P. 63175. 2Universidad
Autónoma de Nayarit, Secretaría de Investigación y Posgrado, Xalisco, Nayarit,
México, C. P. 63787.
Resumen
La sintomatología depresiva en universitarios es un problema de salud
pública que impacta el rendimiento académico. El objetivo de este trabajo fue
determinar la prevalencia de sintomatología depresiva y comparar los perfiles sintomáticos nucleares por sexo en
estudiantes de la Unidad Académica de Educación y Humanidades (UAEH), de la Universidad Autónoma de
Nayarit. Se realizó un estudio
cuantitativo, transversal y descriptivo-correlacional, evaluando a 831
estudiantes (81 % mujeres, 19 % hombres) mediante el Inventario de Depresión de Beck (BDI-II). Se aplicaron la prueba t de Welch y el
coeficiente de correlación de Spearman. Los resultados revelaron una
prevalencia de sintomatología clínicamente significativa del 38.5 %, de
los cuales, el 22.5 % se situó en niveles de
moderado a grave. No se hallaron
diferencias significativas en el puntaje total por sexo (P = 0.55), y se identificó una paridad en el nivel de sintomatología depresiva grave (9.4 % hombres y 9.2 % mujeres). El análisis de
desagregación sintomática, a nivel de ítems, demostró manifestaciones diferenciadas en ambos sexos, resaltando
el llanto y cambios en el apetito en mujeres (P ≤ 0.01). En los varones, la
sintomatología depresiva mostró un nivel de correlación muy fuerte con la
pérdida de energía (R = 0.83), disconformidad
con uno mismo, cambios en los hábitos de sueño y el placer (los tres últimos con R = 0.76); mientras que, en las
mujeres, se presentó un nivel de correlación muy fuerte con la
dificultad de concentración (R = 0.76), y
considerable con la pérdida de energía e indecisión (ambas con R =
0.75). El entorno universitario constituye un escenario de alto riesgo
psicológico que requiere intervenciones diferenciadas, destacando el
sentimiento de fracaso como un indicador clínico crítico en la población masculina, asociado a las presiones de rendimiento
académico.
PALABRAS CLAVE:
depresión, estudiantes universitarios, diferencias de sexo, inventario de depresión de Beck BDI-II, salud
mental.
ABSTRACT
Depression symptomatology among
university students is a public health concern that impacts academic
performance. The objective of this study was to
determine the prevalence of depressive symptomatology
and compare core symptomatic profiles by sex among students at the UAEH of
Autonomous University of Nayarit. A quantitative, cross-sectional, and
descriptive-correlational study was conducted, evaluating 831 students (81 %
female, 19 % male) using the Beck Depression Inventory (BDI-II). Welch's
t-tests and Spearman's correlation coefficients
were applied. Results revealed a
prevalence of clinically significant symptomatology of 38.5 %, with 22.5
% situated within the moderate-to-severe
range. No significant gender differences were found in total scores (P = 0.55),
and similar scores were identified in the severe depressive symptomatology
(9.4 % for men and 9.2 % for women). Symptom
disaggregation analysis, at the item
level, demonstrated differing manifestations
in both sexes, highlighting crying and changes
in appetite in women (P ≤ 0.01). In men, depressive symptomatology was strongly
correlated with energy loss (R = 0.83), self-dissatisfaction, and changes in
sleep and pleasure patterns (the last three with R = 0.76); while in women,
depression was strongly correlated with concentration problems (R = 0.76) and
was also considerably correlated with energy loss and indecisiveness (both = R = 0.75). The university
environment constitutes a high-risk psychological setting requiring tailored
interventions, highlighting feelings of failure as a critical clinical
indicator in the male population associated
with academic performan.
KEYWORDS: depression,
university students, sex differences, Beck Depression Inventory BDI-II, mental
health.

INTRODUCCIÓN
A nivel mundial, la depresión se ha
consolidado como un problema de salud pública crítico y la principal causa de
discapacidad, afectando a aproximadamente 280
millones de personas, de acuerdo con
la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2023). Entre los años 2005 y
2015, la carga global de este trastorno se incrementó en un 18 %, lo que
refleja un impacto creciente en la capacidad funcional y la calidad de vida de
la población (Flesch y col., 2020; García-Batista y col., 2018). Desde una
perspectiva estructural, la evidencia psicométrica contemporánea sugiere que la
depresión no es un constructo unitario, sino que se organiza en dimensiones
cognitivas, afectivas y somáticas que interactúan de forma compleja entre sí
(García-Batista y col., 2018). Este trastorno suele manifestarse inicialmente
durante la adolescencia (Contreras-Valdez y col., 2015), aunque su prevalencia
exhibe variaciones significativas según el género y el grupo poblacional. A
nivel global, la prevalencia es aproximadamente 1.5 veces más alta en mujeres
(6 %) que en hombres (4 %) (OMS, 2023). En contextos específicos, como el
ámbito universitario, se han reportado tasas de episodios depresivos mayores de hasta el 32 %, identificándose
una razón de prevalencia de 1.59 en mujeres respecto a sus pares masculinos
(Flesch y col., 2020).
En términos de mortalidad, la depresión
constituye un factor de riesgo determinante para el suicidio, el cual
representa la cuarta causa de muerte en el grupo etario de 15 a 29 años (OMS, 2023). Más allá de la vulnerabilidad biológica,
el desarrollo de cuadros depresivos se asocia con factores de riesgo críticos
como la orientación sexual minoritaria, los antecedentes familiares de
trastornos psiquiátricos y el bajo rendimiento académico; este último factor
incrementa hasta 2.6 veces el riesgo de presentar
el trastorno (Flesch y col., 2020). Las graves repercusiones económicas,
políticas y familiares de la depresión subrayan su prominencia y la urgente
necesidad de su estudio (Serrano-Barquín y col., 2013), ya que genera costos
económicos sustanciales debido a la baja productividad, el ausentismo laboral y
su rol histórico como una de las principales
fuentes de discapacidad global (Vázquez-Machado, 2013; Navarro-Loli y col.,
2017).
La vulnerabilidad a los trastornos
mentales se exacerba notablemente en el entorno universitario (Hambisa y col., 2020; Ramón-Arbués y col., 2020). La
evidencia internacional y regional subraya la magnitud de esta problemática: la
prevalencia de algún trastorno mental en este ámbito oscila entre el 15 % y el
25 %, siendo la depresión el más común (Flesch y col., 2020). En América Latina, los trastornos
depresivos son los más comunes, con una alta
prevalencia entre las mujeres (Serrano-Barquín y col., 2015; Valdés y col., 2017),
impactando significativamente la calidad de vida
y las interacciones sociales (Serrano-Barquín y col., 2015; Valdés y col.,
2017). En regiones específicas se han reportado tasas elevadas, como en Etiopía (27.7 % a 32.2 %) (Ahmed y col.,
2020; Hambisa y col., 2020; Anbesaw y col., 2023).
Los estudiantes están expuestos a
múltiples factores estresantes, tales como exigencias académicas, presión financiera, distanciamiento familiar
y adaptación a nuevos entornos (Ramón-Arbués
y col., 2020; Heumann y col., 2024). Estos desafíos resultan en una
prevalencia de sintomatología depresiva
notablemente alta, que oscila entre el 30 % y el 50 % (Flesch y col., 2020) y supera la tasa global promedio reportada
en metaanálisis (30.6 %) (Contreras-Valdez y col., 2015; Andrés y col., 2017).
Casos específicos refuerzan esta
tendencia: en Estados Unidos, casi la
mitad de los estudiantes (48 %) experimentó sintomatología (Sánchez-Villena y
Farfán, 2019), en el sur de Brasil el 32 % de los estudiantes de primer ingreso
presentaron episodio depresivo mayor (EDM) (Flesch y col., 2020), mientras que
en China se reportó un 23.8 % (Lei y col., 2016), en Pakistán 42.66 % (Khan y col., 2021) y en Alemania 30.6 % durante
la pandemia (Heumann y col., 2024).
El EDM, al ser un estado de ánimo con
bajo o nulo interés y placer por las actividades habituales, que dura al menos
dos semanas, tiene
un impacto perjudicial que afecta directamente el rendimiento académico e incrementa el riesgo de ideación suicida y deserción
escolar (Ahmed y col., 2020; Flesch y col., 2020; Heumann y col., 2024). Entre
los factores asociados consistentemente destacan ser mujer (Anbesaw
y col., 2023; Heumann y col., 2024), antecedentes familiares (Ahmed y col.,
2020), bajo rendimiento académico y consumo de sustancias (Ramón-Arbués y col., 2020). En particular, persiste la
necesidad de comprender la manifestación de forma desagregada por sexo. Si
bien, la mayoría de las funciones cerebrales no presentan dimorfismos claros
(Salk y col., 2017; Jäncke, 2018), se han
identificado divergencias consistentes en el procesamiento emocional. La evidencia sugiere que las mujeres tienden
a responder con mayor intensidad ante
estímulos negativos, mostrando una
activación superior en la amígdala y en las redes neuronales asociadas
a la afectividad (Grabowska, 2017; Bröcker y col., 2026).
A pesar de la relevancia del tema,
existen limitaciones que restringen la generalización de los hallazgos, como el
uso de diversos instrumentos, la escasez de información local y la necesidad de
considerar factores metodológicos como el método de cribado (Gao y col., 2020;
Heumann y col., 2024). La presente investigación buscó abordar estas brechas en
el contexto de la Unidad Académica de Educación y Humanidades (UAEH) de la
Universidad Autónoma de Nayarit (UAN), México, entorno fundado en 2018 (UAN, 2023).
El objetivo del presente trabajo fue
determinar la prevalencia y severidad de sintomatología depresiva en estudiantes universitarios, así como
analizar las diferencias de sexo e identificar
y comparar los síntomas específicos (núcleo
cognitivo y conductual) más reportados entre hombres y mujeres.
MATERIALES Y MÉTODOS
Diseño y alcance
La presente investigación se desarrolló
mediante un enfoque cuantitativo, con alcance descriptivo-correlacional e
inferencial, a través de un diseño no experimental y de corte transversal. Se
determinó la prevalencia de la sintomatología depresiva en la población de
estudio y se caracterizaron los diferentes niveles de severidad (mínima, leve,
moderada y grave). Se establecieron asociaciones entre los síntomas específicos
(cognitivo-afectivos y somáticos-físicos) y la gravedad del trastorno,
analizando adicionalmente la relación
existente entre estas manifestaciones y la variable sexo.
Participantes
La muestra fue de tipo no
probabilística por conveniencia. El criterio de inclusión fue de alumnos de ambos sexos que estuvieran inscritos con matrícula
vigente en alguno de los cinco programas educativos del área de educación y humanidades en las licenciaturas de Ciencias de la Educación (n = 492), Educación Infantil (n = 235), Lingüística Aplicada (n = 56),
Filosofía (n = 41) y Educación Inicial y Gestión de Instituciones (n = 7); que
accedieran a participar voluntariamente y
respondieran completamente al instrumento. La muestra quedó constituida
por 831 estudiantes, de los 850 inscritos en el periodo de estudio (UAN, 2023).
La distribución por sexo evidenció una participación mayoritaria de mujeres (81
%) sobre hombres (19 %).
Instrumento
Para la evaluación de la sintomatología
depresiva, se empleó el Inventario de Depresión de Beck (BDI-II). Este
instrumento se fundamenta en la teoría de las cogniciones negativas y permite identificar síntomas clave como la tristeza,
la pérdida de interés, las dificultades de concentración y las alteraciones del
sueño (OMS, s.f.; Wang y Gorenstein, 2013). Desde su creación en 1961, el BDI
ha sido utilizado en más de 7 000 investigaciones; específicamente, la versión
BDI-II cuenta con el respaldo de más de 2 000 estudios que demuestran una alta
consistencia interna y una robusta capacidad para discriminar entre individuos
con y sin diagnóstico clínico (Vega-Dienstmaier y col., 2014;
Galindo-Vázquez y col., 2016; Vargas-Granda, 2021). El inventario consta de 21 ítems con un formato de respuesta
de opción múltiple (escala tipo Likert de 0 a 3 puntos), cuya puntuación total
oscila entre 0 y 63 puntos. Los reactivos evalúan la presencia y severidad de
los síntomas experimentados durante las
últimas 2 semanas, manteniendo una alineación diagnóstica con los
criterios del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales en
sus versiones DSM-IV y DSM-V (Gebrie, 2018; Williams y
col., 2021). Para la interpretación de los
resultados, se emplearon los puntos de corte estandarizados:
sintomatología depresiva mínima (0 a 13), leve (14 a 19), moderada (20 a 28) y grave (29 a 63) (Ahmadi y col.,
2019). En términos de propiedades
psicométricas, el BDI-II ha mostrado
consistentemente una alta confiabilidad
interna, con coeficientes alfa de Cronbach (a) situados entre 0.88 y
0.93 en diversas adaptaciones culturales, incluyendo versiones en español,
portugués, chino, persa y árabe (García-Batista y col., 2018; do-Nascimento y
col., 2023). En el contexto mexicano, investigaciones previas en adultos y cuidadores
han confirmado la validez del instrumento
mediante un modelo bifactorial (cognitivo-afectivo y
somático-vegetativo), reportando niveles óptimos de fiabilidad y validez de
constructo (Toledano-Toledano y Contreras-Valdez, 2018). Específicamente, la
versión adaptada para la población mexicana
ha reportado niveles de fiabilidad adecuados con un a= 0.87 (Rosas-Santiago y col., 2020).
Procedimiento
El BDI-II se digitalizó para optimizar
su aplicación y facilitar el análisis de datos, utilizando Google Formularios.
El enlace y contenido del formulario fue revisado y aprobado por los directivos
(director, subdirector académico, subdirector administrativo y coordinadores de
programas académicos) de la UAEH, de la UAN
para asegurar su completa adecuación.
La administración del BDI-II a los
estudiantes se realizó entre junio de 2022 y julio de 2023, periodo que abarca
diversas etapas del calendario académico. Es importante considerar que la
amplitud de este lapso podría influir en los niveles de sintomatología
reportados, debido a factores cíclicos asociados a la carga académica (como
periodos de exámenes finales o inicio de semestre) y variaciones estacionales,
las cuales han sido documentadas como posibles moduladores del estado de ánimo (Garbazza y Benedetti, 2018; Majrashi y col., 2020; Zhang y Volkow,
2023). No obstante, dado que la recolección se mantuvo abierta de forma
constante, se asume que las variaciones individuales se distribuyen de manera
equitativa a lo largo del estudio, mitigando el impacto de sesgos temporales específicos. El formulario de Google
contenía un aviso de privacidad que explicaba el uso y manejo de la información
confidencial y sensible, e incluía la
correspondiente solicitud de autorización para fines de investigación
científica y la aclaración de que la participación era voluntaria. El protocolo se ajustó a
los lineamientos éticos de investigación con
seres humanos. El consentimiento informado se integró en la sección
inicial del formulario digital; en dicho apartado, se detallaron los objetivos del estudio y el manejo confidencial
de los datos. La aceptación se formalizó mediante una casilla de verificación
obligatoria. Asimismo, se notificó a los participantes su derecho a la
autonomía, permitiéndoles interrumpir su colaboración o solicitar el retiro de
sus resultados en cualquier etapa del proceso
mediante una solicitud verbal o vía correo electrónico.
Análisis de datos
Los datos recopilados de los 831
estudiantes se analizaron utilizando el Paquete Estadístico para las Ciencias
Sociales (SPSS, por sus siglas en inglés:
Statistical Package for the Social Sciences) versión 25.0.
Se realizó la prueba de
Kolmogorov-Smirnov para evaluar la distribución de los datos, identificando
desviaciones en la normalidad de las puntuaciones del BDI-II. Asimismo,
mediante la prueba de Levene, se confirmó la ausencia de homocedasticidad
(varianzas desiguales) entre los grupos. Ante
este escenario, y considerando el tamaño de la muestra, se optó por
aplicar la t de Welch como prueba de contraste. Dicha elección se fundamenta en
su robustez y potencia estadística superior frente a la t de
Student y las pruebas no paramétricas
cuando las varianzas son heterogéneas, permitiendo una comparación precisa de
las medias sin los sesgos derivados del incumplimiento de supuestos clásicos
(Montilla y Kromrey, 2010; Ortiz y Moreno,
2011; García-Álvarez y col., 2020;
Molina-Arias y col., 2020).
El coeficiente de correlación de
Spearman se utilizó para analizar las relaciones entre las subescalas, lo cual es adecuado en distribuciones
no normales (Santabárbara, 2019; Apaza-Zúñiga y col., 2022).
RESULTADOS
La población de
estudio se encontró en un rango
amplio, desde los 17 hasta los 70 años, con una media general de 22.0 años (DE
= 5.8). Por programa educativo, los participantes de Filosofía presentaron la mayor madurez cronológica (M_femenino =
25.4; M_Masculino = 27.2), mientras que la
población de Educación Infantil se mantuvo como la más joven (M_femenino = 20.3) (Tabla 1). La sintomatología depresiva,
clínicamente significativa, estuvo presente
en el 38.5 % de los universitarios evaluados (Tabla 2), distribuida
desde el nivel leve a grave. La categoría de severidad mínima fue la más
frecuente (61.5 %), seguida de la sintomatología depresiva leve (16.0 %) y
moderada (13.2 %).
Tabla 1.
Distribución sociodemográfica y medidas de tendencia central por programa
educa- tivo (n = 831).
Table 1. Sociodemographic distribution and central tendency
measures by educational program (n = 831).

Tabla 2.
Prevalencia y niveles de severidad de la sintomatología depresiva en la
población ge- neral y por sexo.
Table 2. Prevalence and severity levels of depressive
symptomatology in the general population and by gender.

En el análisis comparativo por sexo
(Tabla 2), se encontró que, aunque la prevalencia de síntomas moderados fue
ligeramente superior en mujeres (13.8 %) en comparación con los hombres (10.7
%), existió una paridad notable en el riesgo máximo. Específicamente, la
proporción de estudiantes situados en el nivel de sintomatología depresiva
grave fue prácticamente idéntica entre sexos, reportándose un 9.4 % en hombres y un 9.2 % en mujeres, lo cual indica
que la vulnerabilidad hacia la cronicidad o
severidad extrema de los síntomas no
presentó diferencias significativas en esta muestra.
En el análisis comparativo mediante la
prueba t de Welch (Tabla 3), no se encontraron diferencias
significativas en el nivel total de sintomatología depresiva entre mujeres (M =
12.08; SD = 10.82) y hombres (M = 11.48; SD = 11.65), obteniendo un estadístico
t = 0.36 y un valor P = 0.55. Ambos grupos se situaron, en promedio, dentro del
rango de sintomatología depresiva mínima (0 a 13 puntos). No obstante, el análisis pormenorizado por reactivos reveló disparidades
críticas en la manifestación de la
sintomatología según el sexo.
Tabla 3.
Resultados de análisis T de Welch.
Table 3. Welch’s T-Test analysis result

Síntomas cognitivos-afectivos
destacados
En esta dimensión, las diferencias más
marcadas se observaron en la expresión emocional y los procesos de toma de decisiones (Tabla 3). El llanto fue el
ítem con mayor diferencia significativa (t = 11.12; P ≤ 0.001). Las mujeres
presentaron una media notablemente superior (M = 0.81) en comparación con los
hombres (M = 0.52). Respecto a la indecisión, las mujeres reportaron mayor
nivel de dificultad para tomar decisiones (M = 0.78) frente a los hombres (M =
0.60), con una significancia estadística clara (t = 5.29; P = 0.02). Aunque el
síntoma de tristeza no alcanzó el umbral de significancia convencional (P =
0.08), mostró una tendencia superior en mujeres (M = 0.40) que podría ameritar
observación clínica.
Síntomas somáticos-vegetativos
destacados
La dimensión física del trastorno
reportó variaciones importantes en ambos sexos (Tabla 3). Se observó una diferencia significativa (t = 6.42;
P ≤ 0.01) en los cambios en el apetito,
donde las mujeres reportaron mayor alteración (M = 0.81) que los hombres (M = 0.62). Asimismo, las mujeres
puntuaron significativamente (P = 0.03) mayor nivel de irritabilidad (M = 0.48)
que los varones (M = 0.35). En contraste, se observó una tendencia inversa en
los hábitos de sueño, donde los hombres presentaron una media de alteración
ligeramente superior (M = 1.00) a la de las mujeres (M = 0.86); no obstante,
esta diferencia no alcanzó el umbral de significancia estadística establecido
(P = 0.08).
Los coeficientes de correlación de
Spearman indicaron que, en la población
femenina, el nivel total de sintomatología depresiva se vinculó de
manera significativa con cada uno los
síntomas evaluados (Tabla 4). De acuerdo con los criterios de
interpretación de Mondragón-Barrera (2014) (ejemplo,
en correlaciones positivas: 0.11 a 0.50 correlación media, 0.51 a 0.75
considerable y de 0.76 a 0.90 muy
fuerte), se identificó una correlación positiva muy fuerte con la dificultad de concentración (rs
= 0.76, P ≤ 0.01). Asimismo, se registraron correlaciones positivas considerables con la indecisión (rs
= 0.75, P ≤ 0.01) y la pérdida de
energía (rs = 0.75, P ≤ 0.01).
Tabla 4.
Correlaciones de Spearman (mujeres).
Table 4.
Spearman's Correlations (women).

El nivel total de sintomatología
depresiva también tuvo una correlación positiva considerable con la autocrítica
(rs = 0.74, P ≤ 0.01), pérdida de interés, cambios en
hábitos de sueño y cambios en el apetito (las tres con un rs
= 0.71, P ≤ 0.01). Bajo este mismo grado de
relación considerable, se situó la asociación entre la pérdida de energía con el cansancio o fatiga
(rs = 0.62, P ≤ 0.01) y con dificultad de
concentración (rs = 0.60, P ≤ 0.01), así como desvalorización con autocrítica (rs
= 0.59) y con disconformidad
con uno mismo (rs = 0.58).
En la muestra masculina, los resultados
revelaron que la gravedad del cuadro depresivo está vinculada a una jerarquía
de asociaciones específicas (Tabla 5), vinculándose de manera significativa el nivel total de sintomatología
depresiva con cada uno los síntomas
evaluados. De acuerdo con los criterios de interpretación de
Mondragón-Barrera (2014), el nivel total de sintomatología depresiva presentó una correlación positiva (P ≤ 0.01) muy
fuerte con la pérdida de energía (rs = 0.83) disconformidad con uno mismo (rs = 0.77), los cambios en los hábitos de sueño (rs = 0.76) y la pérdida de placer o anhedonia (rs = 0.76).
Tabla 5.
Correlaciones de Spearman (hombres).
Table 5.
Spearman's correlations (men).

Al analizar los coeficientes de
determinación (r2), la pérdida de energía sobresale como el eje
sintomático con mayor peso relativo (en hombres y mujeres), aportando un valor clínico diferenciado que trasciende la
simple validación de los reactivos del instrumento.
DISCUSIÓN
La prevalencia identificada de
sintomatología depresiva clínicamente significativa (38.5 %) reveló una
vulnerabilidad psicológica sustancial en la
población universitaria estudiada (Tabla 2). Este hallazgo supera el
promedio reportado en metaanálisis previos del 30.6 % (Contreras-Valdez y col.,
2015; Andrés y col., 2017), y trasciende las tasas documentadas en contextos europeos y asiáticos (Lei y col., 2016; Heumann
y col., 2024), así como en estudios africanos donde la variabilidad ha sido
notable (Ahmed y col., 2020; Hambisa y col., 2020; Anbesaw y col., 2023).
La magnitud del riesgo detectado, donde
el 22.5 % de los participantes requiere atención inmediata (niveles moderados a grave: Tabla 2), sitúa a esta
muestra en un escenario de tensión
comparable a regiones de alta incidencia en entorno académico como
Pakistán (Khan y col., 2021) a las regiones
de alta incidencia durante el periodo
de pandemia de COVID-19 de China,
Emiratos Árabes Unidos y Francia (Deng y col., 2021). Bajo el modelo
ecológico de salud mental, el bienestar psicológico no se entiende como un evento
aislado, sino como el resultado de la interacción dinámica entre factores
personales, como el estrés académico y antecedentes de salud, el apoyo
interpersonal, las condiciones institucionales y barreras sociales
estructurales, tales como el estigma y las desigualdades socioeconómicas
(Segú-Odriozola, 2025). La sintomatología depresiva en estudiantes
universitarios es un fenómeno de alta complejidad, influenciado por múltiples
factores individuales, familiares, institucionales y comunitarios. El EDM no
solo afecta el rendimiento académico, sino
que incrementa el riesgo de deserción
e incluso ideación suicida (Ahmed y col., 2020; Flesch y col., 2020;
Heumann y col., 2024). El suicidio representa la tercera causa de muerte en el
grupo etario de 15 a 29 años (OMS, s.f.), por lo que debe cuidarse la salud
mental de esta población. Debido a la complejidad de dicho fenómeno se
recomienda observar la existencia de aspectos depresivos en los estudiantes y
procurar atención urgente de parte del entorno familiar e institucional
educativo y de gobierno para jóvenes con cuadros de EDM.
La convergencia de datos subraya que el
entorno universitario constituye un periodo de riesgo específico que se
distancia de la población general (Anbesaw y col.,
2023). La proximidad de las cifras con el 41 % hallado en Perú (Mejía y col.,
2022) refuerza la necesidad de implementar programas de cribado y detección
temprana como estrategias prioritarias de salud pública universitaria (Ahmed y
col., 2020). Por su parte, la tasa de sintomatología depresiva leve en este
estudio (16.0 %) (Tabla 2) se sitúa en una
línea comparable, aunque más conservadora, frente al 32.4 % reportado
por Castellanos-Páez y col. (2016).
Al desglosar esta vulnerabilidad por
sexo, se identificó un porcentaje mayor de mujeres con sintomatología depresiva moderada (13.8 %)
en comparación con los hombres (10.7 %), tendencia confirmada por múltiples autores (Serrano-Barquín y col., 2015;
Silva-Jara y col., 2021; Aveiro-Róbalo y col., 2023) y que suele
atribuirse a la interacción de factores biológicos y a la mayor carga psicosocial femenina (Arrivillaga-Quintero y
col., 2004). No obstante, el hallazgo de una paridad en el rango de sintomatología depresiva grave (9.4 % varones vs.
9.2 % mujeres) es consistente con lo
reportado por Soria y col. (2015) y fundamenta la necesidad de realizar un análisis de desagregación sintomática (Bastida-González y col., 2017).
Los resultados del
presente estudio corroboran lo reportado por Barrera-Herrera y col. (2019) y Ruvalcaba-Pedroza
y col. (2021) respecto a las diferencias fenomenológicas de la depresión según el sexo. En la población
femenina, la sintomatología depresiva presentó una fuerte tendencia hacia la
internalización y deterioro cognitivo-afectivo principalmente (Tabla 4),
organizándose en torno a la tríada de
dificultad de concentración (rs = 0.76), indecisión (rs = 0.75) y pérdida de energía (rs
= 0.75). Estas asociaciones representan una fuerza "muy fuerte" y
"considerable" según la
escala de Mondragón-Barrera (2014), evidenciando
un patrón donde el agotamiento vital se retroalimenta con una estructura de
pensamiento autocrítico persistente (González-Medina y col., 2020); lo que
coincide con los hombres evaluados en el presente trabajo, quienes obtuvieron
una correlación considerable (rs = 74) con la
autocrítica. Es notable que la correlación con el llanto (rs
= 0.68) supera la del fracaso (rs =0.61), respaldando
la hipótesis de que la sintomatología depresiva femenina es más internalizada.
Debido a que la sintomatología depresiva moderada afecta más a mujeres que a
hombres (1.5 veces más alta en mujeres que en hombres), existe mayor
vulnerabilidad ante el factor de riesgo del suicidio (OMS, s.f.).
En contraste, la experiencia masculina
se encontró traccionada por ambos componentes
y la externalización (Tabla 5). La pérdida de energía (rs = 0.83), la disconformidad con uno mismo (rs = 0.77) cambios en los hábitos de sueño (rs = 0.76) y el placer o la anhedonia (rs
= 0.76) emergen como ejes centrales. Estos hallazgos sugieren que, a diferencia
de las mujeres, la severidad depresiva en
los hombres se manifiesta prioritariamente a través de un deterioro en
el funcionamiento vital y afectivo. Es
notable que los sentimientos de fracaso
(rs = 0.73), pertenecientes a los síntomas
cognitivos-afectivos, emergen como un indicador clínico en este grupo, asociado
estrechamente a las presiones por el rendimiento académico. Además, destaca que
el fracaso supere a la tristeza (rs = 0.65) como
factor central en hombres, respaldando la hipótesis de que la sintomatología depresiva masculina se vincula a presiones de rendimiento y éxito (Prada-Núñez
y col., 2021). Finalmente, la correlación significativa con la agitación (rs = 0.70) e irritabilidad (rs =
0.61) sugiere que la angustia en el hombre
tiende a canalizarse a través de la externalización conductual (Matud y col., 2006; Castillo-Acobo
y Luque-Ruiz, 2019).
Si bien, no existieron diferencias significativas en el puntaje global de
sintomatología depresiva entre ambos sexos, se observaron diferencias
estadísticas en síntomas específicos, donde
las mujeres alcanzaron mayores valores como el llanto, cambios en el apetito (P
≤ 0.01), la indecisión y la irritabilidad (P ≤ 0.05); mientras
que en los varones se observaron valores superiores en los cambios en
los hábitos de sueño, pero sin diferencia estadística significativa (P = 0.08). Sin embargo, estos resultados deben
ser considerados con cautela por las limitaciones del estudio, que incluyen el
abarcar periodos académicos distintos,
variaciones estacionales y una
muestra bastante heterogénea con respecto al sexo, además del posible
sesgo que se pudo inducir por la autoselección de los participantes. También, que pese a que el cuestionario utilizado ha sido validado en
población mexicana, no se corroboró para esta muestra en particular; por lo que futuras
investigaciones podrían beneficiarse de un diseño longitudinal o
segmentado por periodos académicos para aislar estas variables de confusión,
así como un balance representativo por sexo.
CONCLUSIONES
Los estudiantes universitarios
mostraron una elevada prevalencia de sintomatología depresiva clínicamente significativa (38.5 %), lo que
subraya la condición de este grupo como población de alto riesgo que podría verse beneficiada con la implementación urgente de
programas de cribado. El análisis de síntomas reveló patrones de manifestación
diferenciados por sexo, donde las mujeres tienden
a la internalización (autocrítica, llanto) y los hombres a la externalización (agitación, irritabilidad) con un
fuerte anclaje en la presión por el éxito, lo cual fundamenta la necesidad de
diseñar intervenciones psicológicas sensibles al sexo que aborden estas distintas estructuras sindrómicas. Por otro lado, el hallazgo
de una paridad en el riesgo de sintomatología depresiva grave (9.4 % en hombres
vs. 9.2 % en mujeres), aunque con un tamaño de muestra diferenciado en el
presente estudio, sugiere un desafío de la noción de una mayor vulnerabilidad femenina absoluta en la severidad
máxima, haciendo necesario determinar si la prioridad clínica y las estrategias
de intervención deben ser equiparables. La
prevalencia de sintomatología
depresiva reportada confirma que la
población universitaria evaluada atraviesa un estado de riesgo clínico, lo que
demanda intervenciones institucionales
urgentes y atención familiar para detectar los síntomas.
Declaración de conflicto de intereses
Los autores declararon no tener
conflictos de intereses de ningún tipo.
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