https://doi.org/10.29059/cienciauat.v20i2.2083

 

Obesidad, desregulación estrogénica y riesgo de cáncer de mama en mujeres posmenopáusicas: revisión sistemática con síntesis narrativa crítica

 

Obesity, estrogenic dysregulation, and breast cancer risk in postmenopausal women: A systematic review with critical narrative synthesis

 

Obesidad, disrupción-estrógenos y cáncer de mama

Paulina Quezada-Rodríguez, Imelda Julissa Mendoza-Espino, Erika Yanet Portillo-Siqueiros, Blanca Gladiana Beltrán-Piña*

 

*Correspondencia: bbeltran@uach.mx/Fecha de recepción: 5 de enero de 2026/Fecha de aceptación: 1 de julio de 2026/Fecha de publicación: 14 de agosto de 2026.

Universidad Autónoma de Chihuahua, Facultad de Enfermería y Nutriología, Campus Universitario II, Circuito Universitario, Periférico de la Juventud, Chihuahua, Chihuahua, México, C. P. 31125.

 

Resumen

El cáncer de mama (CM) es la neoplasia maligna más frecuente en mujeres y representa aproximadamente una de cada cuatro neoplasias femeninas diagnosticadas anualmente a nivel mundial. El objetivo del presente trabajo fue evaluar la evidencia científica sobre la relación entre la obesidad, desregulación estrogénica y el riesgo de cáncer de mama en mujeres posmenopáusicas. Se realizó una revisión sistemática con síntesis narrativa crítica (sin metaanálisis) basada en las directrices PRISMA 2020, con una búsqueda en tres bases de datos (Scopus, PubMed/MEDLINE, Cochrane Library) y un asistente de investigación impulsado por inteligencia artificial (SciSpace). Se incluyeron estudios publicados en el periodo 2019 a 2025. La calidad metodológica y el riesgo de sesgo se evaluaron mediante las guías del Joanna Briggs Institute (JBI); adicionalmente, se aplicó STROBE-MR para el estudio de aleatorización mendeliana y STREGA para el estudio de asociación genómica amplia (GWAS). La búsqueda bibliográfica arrojó 759 estudios, de los cuales se incluyeron 23, que aportan evidencia sobre la asociación entre obesidad y mayor riesgo de CM posmenopáusico (RR 1.18; IC 95 %: 1.13 a 1.24; P  0.001). El índice cintura-cadera resultó un predictor independiente del IMC (HR 1.15; IC 95 %: 1.00 a 1.32; P = 0.006). Estos hallazgos, de naturaleza observacional, indican que un abordaje metabólico-hormonal integral podría ser relevante para la prevención del CM, aunque se requieren estudios de intervención para confirmarlo.

 

PALABRAS CLAVE: cáncer de mama, obesidad, estrógenos, posmenopausia, adiposidad central.

 

ABSTRACT

Breast cancer (BC) is the most common malignant neoplasm in women, accounting for approximately one in four female cancers diagnosed annually worldwide. The aim of this study was to evaluate the scientific evidence on the relationship between obesity, estrogen dysregulation, and breast cancer risk in postmenopausal women. A systematic review with critical narrative synthesis was conducted following the PRISMA 2020 guidelines, with a search across three databases (Scopus, PubMed/MEDLINE, Cochrane Library) and an artificial intelligence–powered research assistant (SciSpace). Studies published between 2019 and 2025 were included. Methodological quality and risk of bias were assessed using the Joanna Briggs Institute (JBI) guidelines; additionally, STROBE-MR was applied to the Mendelian randomization study and STREGA to the genome-wide association study (GWAS). The literature search yielded 759 studies, of which 23 were included. These studies provide evidence of an association between obesity and an increased risk of postmenopausal BC (RR 1.18; IC 95 %: 1.13 a 1.24; P  0.001). The waist-to-hip ratio was an independent predictor beyond BMI (HR 1.15; 95 % CI: 1.00 to 1.32; P = 0.006). These findings, observational in nature, indicate that an integrated metabolic-hormonal approach may be relevant for prevention, although further intervention studies are needed to confirm this.

 

KEYWORDS: breast cancer, obesity, estrogens, postmenopause, central adiposity.

 

INTRODUCCIÓN

El cáncer de mama (CM) es una neoplasia caracterizada por la proliferación descontrolada de células en el tejido mamario, principalmente de origen epitelial, clasificándose en diversos subtipos según criterios histológicos y morfológicos. La mayoría de los casos corresponden a carcinomas, particularmente adenocarcinomas derivados del epitelio glandular (Mérida-Ortega y col., 2022). Entre los tipos más frecuentes se encuentran los carcinomas ductales y lobulillares invasivos, los cuales pueden evolucionar desde formas in situ hacia estructuras invasivas (Łukasiewicz y col., 2021).

 

Desde el punto de vista epidemiológico, el CM es la neoplasia maligna más frecuente en mujeres, representando aproximadamente una de cada cuatro neoplasias femeninas diagnosticadas anualmente y la segunda causa de incidencia oncológica de la población general reportada en 2022, con una estimación de 2.3 millones de casos nuevos y 685 000 muertes, con proyecciones que estiman un incremento sustancial hacia 2050, alcanzando hasta 3.56 millones de casos incidentes y 1.37 millones de muertes (Mérida-Ortega y col., 2023; Bray y col., 2024; GBD 2023 Cancer Collaborators, 2025). Estas cifras reflejan no solo la magnitud del problema, sino también la necesidad de comprender mejor los factores de riesgo implicados.

 

La etiología del CM es multifactorial. Si bien, el sexo femenino constituye el principal factor de riesgo, la presencia o ausencia de factores específicos no determina de forma absoluta el desarrollo de la enfermedad (Łukasiewicz y col., 2021). En dicho contexto, los factores de riesgo modificables adquieren especial relevancia. El análisis más reciente del estudio Carga Global de Enfermedades (GBD, por sus siglas en inglés: Global Burden of Disease) reporta que estos factores explican el 28.1 % de los años de vida ajustados por discapacidad (AVAD) asociados al CM, destacando el riesgo dietético (10.8 %), el índice de masa corporal elevado (11.7 %) y el consumo de tabaco (7.5 %) (GBD 2023 Cancer Collaborators, 2025).

 

En particular, la obesidad y el síndrome metabólico han emergido como determinantes clave en el riesgo y la mortalidad por CM, especialmente en mujeres posmenopáusicas (Chlebowski y col., 2024). Tras el cese de la función ovárica, el tejido adiposo se convierte en una fuente importante de producción de estrógenos mediante la activación de la enzima aromatasa (CYP19A1), lo que podría incrementar los niveles circulantes de estradiol y favorecer el crecimiento de tumores hormonodependientes (RE+, receptor de estrógeno positivo) (Mehmood y col., 2022; Mejia-Montilla y col., 2022). Se ha reportado en la literatura científica que, a nivel molecular, la obesidad también se asocia con una disminución de adiponectina, una adipocina con efectos antiinflamatorios y antiangiogénicos, cuya reducción podría contribuir a un entorno procarcinogénico (Macis y col., 2024).

 

La interacción entre obesidad, metabolismo y regulación hormonal tiene implicaciones clínicas importantes. Se ha documentado que la obesidad puede disminuir la eficacia de los inhibidores de aromatasa en mujeres con CM con receptores hormonales positivos en la posmenopausia, lo que impacta negativamente en el tratamiento y pronóstico (Harborg y col., 2023).

 

Estudios previos han abordado esta problemática de manera parcial. Por ejemplo, algunas revisiones han analizado la asociación entre obesidad y CM sin profundizar en los mecanismos estrogénicos (Sampaio-de-Andrade y Postorivo-Nauman, 2023), mientras que metaanálisis han confirmado el aumento del riesgo en mujeres posmenopáusicas con obesidad, pero restringiéndose al índice de masa corporal como indicador de adiposidad (Fadhila y col., 2021; Dehesh y col., 2023). Otros trabajos han explorado el impacto de la obesidad en la eficacia de terapias endocrinas, evidenciando la relevancia clínica de la desregulación estrogénica, aunque sin integrar de forma sistemática los mecanismos moleculares ni biomarcadores clave como adiponectina, leptina o el ratio 2-OH/16a-OH (Shirdarreh y Pezo, 2021; Ioannides y col., 2014).

 

La heterogeneidad metodológica de los estudios que abordan este tema ha dificultado la consolidación de evidencia robusta que guíe intervenciones clínicas con enfoque metabólico y nutricional (Houghton y col., 2021; Poorolajal y col., 2021; Wang y col., 2025). En este sentido, la identificación reciente de biomarcadores asociados al riesgo oncológico en mujeres posmenopáusicas con obesidad representa un área emergente que aún requiere mayor síntesis e integración (Cho y col., 2021; Jung y col., 2021; Dashti y col., 2022; Geczik y col., 2022; Macis y col., 2024).

 

El objetivo del presente trabajo fue sintetizar la evidencia científica publicada de 2019 a 2025 sobre la relación entre obesidad, desregulación estrogénica y riesgo de CM en mujeres posmenopáusicas, con el fin de identificar los mecanismos moleculares y metabólicos implicados, las brechas de conocimiento existentes y sus posibles implicaciones para el diseño de estrategias de prevención e intervención clínica con un enfoque metabólico y nutricional.

 

MATERIALES Y MÉTODOS

Diseño del estudio

El protocolo para elaborar esta revisión sistemática con síntesis narrativa crítica se desarrolló siguiendo los criterios de elegibilidad, la estrategia de búsqueda y los métodos de extracción de datos según las directrices del documento “Elementos de informe preferidos para revisiones sistemáticas y metanálisis” (PRISMA 2020, por sus siglas en inglés: Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta-Analyses) (Page y col., 2021) (Figura 1).

 

 

Estrategia de búsqueda

La búsqueda de literatura se realizó usando las bases de datos Scopus, PubMed/MEDLINE, Cochrane Library, e incluyó artículos publicados en el periodo de 2019 a 2025. La estrategia combinó palabras clave en cuatro áreas principales: (1) obesidad/adiposidad, (2) cáncer de mama, (3) continuidad posmenopáusica y (4) factores hormonales (Tabla 1).

 

 

La estrategia de búsqueda fue adaptada a la sintaxis específica de cada base de datos consultada (Tabla 1). Para Scopus se utilizó el operador TITLE-ABS-KEY con términos en campos de título, resumen y palabras clave. Para PubMed/MEDLINE se combinaron términos MeSH controlados con búsqueda en campos de título y resumen [tiab]. Para Cochrane Library se construyó una estrategia por bloques temáticos combinados mediante el operador AND. En todas las bases de datos se emplearon truncadores ( ) para capturar variantes morfológicas de los términos principales.

 

También, se empleó SciSpace, plataforma de investigación que tiene un motor de búsqueda académico con inteligencia artificial (IA) mediante búsqueda semántica en lenguaje natural, sin operadores booleanos formales, para identificar estudios no recuperados por las bases de datos indexadas, en la Tabla 1 se muestra la pregunta utilizada para la recuperación de estudios.

 

Google Scholar fue utilizado como fuente complementaria para la identificación de estudios no indexados en las bases de datos primarias, y no como base de datos principal de la revisión. Las palabras clave utilizadas se muestran en la Tabla 1, y con ellas se realizó una búsqueda tanto en español como en inglés.

 

Criterios de elegibilidad

Los criterios de inclusión fueron: (1) tipo de estudio (estudios de cohorte prospectiva, estudios transversales analíticos, revisiones sistemáticas y metaanálisis, estudios de aleatorización mendeliana, estudios de asociación genómica amplia (GWAS, por sus siglas en inglés: Genome-Wide Association Study), revisiones narrativas con síntesis de opinión experta, estudios experimentales in vitro/ex vivo con muestras humanas y estudios de casos y controles, todos publicados de 2019 a 2025 en revistas indexadas; (2) mujeres posmenopáusicas: amenorrea ≥ 12 meses confirmada clínicamente o por autorreporte validado, y/o FSH > 25.8 UI/L, y/o edad ≥ 50 años con estado menopáusico verificado por los criterios operacionales del estudio de origen; (3) obesidad definida como IMC ≥ 30 kg/m2, exceso de tejido adiposo > 33 %, o exceso de tejido adiposo en la parte central medido por ICC (índice cintura-cadera) o circunferencia de cintura (CC); (4) preferentemente idioma inglés o español.

 

Se tuvieron como criterios de exclusión: (1) exclusivamente mujeres premenopáusicas o poblaciones mixtas sin estratificación; (2) únicamente normopeso sin comparador; (3) intervenciones con suplementos nutricionales específicos; (4) editoriales, cartas, resúmenes de congresos, tesis; (5) datos insuficientes (omisión de alguno de los criterios de inclusión, que afecte la interpretación en el contexto de este estudio).

 

Selección de estudios

La evaluación de la calidad metodológica y el riesgo de sesgo de los estudios incluidos se realizaron mediante las herramientas estandarizadas de Joanna Briggs Institute (JBI) y los estándares internacionales de reporte correspondientes a cada diseño de estudio. Dos artículos requirieron instrumentos distintos a las guías JBI por la naturaleza de su diseño. La Tabla 2 presenta los tipos de estudio, el número de criterios evaluados y el porcentaje de cumplimiento de los criterios evaluados para cada artículo.

 

 

La evidencia epidemiológica sobre la asociación entre obesidad, desregulación estrogénica y riesgo de CM fue abordada por los estudios de cohorte, transversales y de epidemiología genómica, entre otros; mientras que en las revisiones narrativas de expertos se identificaron los mecanismos moleculares implicados, las brechas de conocimiento y las implicaciones para intervenciones clínicas con enfoque metabólico y nutricional. Esta estrategia es coherente con el enfoque del JBI, que respalda la síntesis de múltiples tipos de evidencia cuando la complejidad de la pregunta de investigación así lo requiere, siempre que cada tipo sea evaluado con la herramienta apropiada (Aromataris y col., 2015).

 

Las discrepancias en la evaluación fueron resueltas mediante el siguiente protocolo: los dos revisores principales (P.Q.R. e I.J.M.E.) evaluaron los estudios de forma independiente y discutieron en sesión conjunta las diferencias identificadas, buscando consenso mediante revisión del texto fuente. Cuando no se alcanzó acuerdo, la discrepancia fue escalada al tercer revisor (B.G.B.P.), cuya decisión fue vinculante. El cuarto revisor (E.Y.P.S.) fue designado como árbitro para casos de desacuerdo entre los tres revisores anteriores, condición que no se activó en ningún caso durante el proceso.

 

La herramienta Claude fue utilizada exclusivamente como apoyo para la sistematización y documentación de los resultados de la evaluación en formato tabular, sin intervenir en las decisiones de apreciación crítica, las cuales fueron tomadas íntegramente por los revisores humanos. La información generada fue validada por los dos revisores de forma independiente, cotejando cada ítem registrado con el texto fuente del artículo evaluado y con las notas de apreciación crítica elaboradas durante el proceso de evaluación.

 

Procedimiento para la recolección de datos

La extracción de datos se realizó por todos los autores de forma independiente mediante un formulario estandarizado en hoja de cálculo (Microsoft Excel 2021). Las discrepancias se resolvieron por consenso con revisión del artículo fuente. Las variables extraídas sistemáticamente fueron: autor(es), año, país, diseño de estudio, tamaño de muestra, edad de las participantes, criterio de definición del estado menopáusico, índice de masa corporal, presencia de obesidad, y niveles de estrógenos, tipificación del CM, método diagnóstico, magnitud del riesgo de CM, y el resultado principal y la conclusión del estudio.

 

En los estudios que lo reportaron, se extrajeron además medidas de efecto individuales (hazard ratios, odds ratios e intervalos de confianza) para evaluar la dirección, magnitud y consistencia de los hallazgos entre estudios, sin combinarlos estadísticamente.

 

Calidad metodológica y riesgo de sesgo de los estudios incluidos

Los niveles de riesgo de sesgo se establecieron a priori conforme a criterios adaptados de Richardson y col. (2014): riesgo bajo ≥ 70 % de criterios cumplidos, riesgo moderado entre 50 % y 69 %, y riesgo alto < 50 %.

 

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

De los 23 artículos incluidos (Figura 1), 19 corresponden a estudios analíticos primarios y 4 a evidencia textual de opinión de expertos (Tabla 2), y fueron evaluados con 9 herramientas distintas según su diseño.

 

De los 19 estudios analíticos analizados, se evaluaron 11 estudios utilizando la JBI Checklist para estudios de cohorte (Barker y col., 2025), de los cuales, 10 mostraron un bajo riesgo de sesgo y una alta calidad metodológica, con porcentajes de cumplimiento que variaron entre 72.7 % y 81.8 %. Solo Lee y col. (2025), obtuvieron un riesgo y una calidad metodológica moderada, con un 63.9 % de cumplimiento de los criterios.

 

Poorolajal y col. (2021) en su estudio obtuvieron una calidad y riesgo moderado (Tabla 2). Las principales limitaciones identificadas fueron: exhaustividad limitada de la estrategia de búsqueda, descripción insuficiente del proceso de evaluación del riesgo de sesgo de los estudios primarios incluidos; y evaluación incompleta del sesgo de publicación. Esta investigación fue incluida en consenso por ser la única revisión sistemática con metaanálisis disponible en el periodo de búsqueda que cuantifica directamente la magnitud de la asociación entre obesidad y riesgo de CM posmenopáusico (RR 1.18; IC 95 %: 1.13 a 1.24; P < 0.001).

 

Hao y col. (2023) obtuvieron 85.0 % de los criterios acatados, lo que correspondió a una calidad alta y un riesgo bajo (Tabla 2). Los ítems cumplidos incluyeron: una explicación clara desde el inicio del tipo de estudio (aleatorización mendeliana de dos muestras), las razones por las que se eligió este tipo de estudio y qué preguntas de investigación se responderían. Las principales fortalezas metodológicas del estudio de Jung y col. (2021) fueron: el control riguroso de la estratificación poblacional mediante componentes principales de ascendencia y la calidad en la genotipificación en 6 plataformas GWAS armonizadas.

 

Thompson y col. (2021) obtuvieron una calidad metodológica y un riesgo de sesgo moderado (66.7 %), utilizando para la evaluación de calidad metodológica la lista de JBI para estudios Cuasiexerimentales. Sin embargo, dado el diseño in vitro/in vivo, de dicha investigación, los ítem fueron adaptados operacionalmente para evaluar variables de laboratorio (homogeneidad líneas celulares, cepas, control de condiciones, entre otros). Las principales limitaciones identificadas fueron: ausencia de caracterización clínica completa de las pacientes donantes de tejido adiposo por grupo de IMC, diseño de medición única postexposición sin mediciones pretratamiento, y análisis estadístico con n = 3 replicados biológicos sin corrección por comparaciones múltiples, lo que incrementa el riesgo de resultados falsos positivos.

 

Stordal y col. (2024) es un resumen (overview) derivado de la Breast Cancer UK Cancer Prevention Conference (Conferencia de prevención del cáncer de mama en Reino Unido), una síntesis narrativa de las posiciones colectivas de 14 expertos sobre el riesgo y la prevención del CM, sin protocolo de búsqueda sistemática, criterios de inclusión predefinidos ni evaluación formal de la calidad de los estudios revisados. Por tanto, no cumple los criterios de una revisión sistemática y fue evaluado como evidencia textual.

 

Dimauro y col. (2021) obtuvieron calidad moderada con el cumplimiento del 66.7 % que contiene la guía JBI para este tipo de estudio. Las principales limitaciones identificadas fueron: ausencia total de descripción de la estrategia de búsqueda o de criterios de selección de los estudios referenciados; tratamiento narrativo acumulativo de la evidencia, sin análisis crítico acerca de las discrepancias en los resultados disponibles en la literatura; y ausencia de declaración formal de conflictos de interés y de financiamiento, lo que constituye la única limitación de transparencia no presente en los otros 3 artículos de evidencia textual incluidos.

 

Desarrollo del tema

En la Tabla 3 se detalla una síntesis de las características más relevantes de los estudios incluidos. Dado que la heterogeneidad clínica y metodológica impidió la realización de un metaanálisis, los datos cuantitativos presentados en esta sección corresponden a estimadores individuales de cada estudio y no deben interpretarse como cifras directamente comparables entre sí. La fuerza del lenguaje utilizado refleja el nivel de evidencia del diseño de estudio que respalda cada afirmación: las afirmaciones categóricas corresponden a estudios de cohorte prospectiva con bajo riesgo de sesgo o análisis secundarios de ECA, mientras que el lenguaje condicional se emplea para hallazgos provenientes de estudios transversales, experimentales in vitro o revisiones narrativas, cuyo diseño no permite inferencia causal directa.

 

 

Obesidad, riesgo de CM y estado menopáusico

Varios estudios han sugerido una relación entre obesidad y el riesgo de desarrollar CM. Poorolajal y col. (2021) demostraron que la obesidad se asoció a un incremento de 18 % en el riesgo de desarrollar CM después de la menopausia (RR 1.18; IC 95 %: 1.13 a 1.24; P ≤ 0.001). De forma similar, Klintman y col. (2022), encontraron que, a mayor IMC, mayor riesgo de CM invasivo. La evidencia de que un IMC determinado por la genética puede causar CM en la posmenopausia, respaldada por estudios de aleatorización mendeliana, aporta evidencia de una relación causal (Hao y col., 2023). Los estudios sugieren que esta asociación es específica de la etapa posmenopáusica, ya que, en esta fase, la obesidad aumenta el riesgo de CM (cuartil más alto de masa grasa corporal frente al más bajo: HR 1.54; IC 95 %: 1.35 a 1.76), mientras que en la premenopáusica no se observa este efecto (HR 1.00; IC 95 %: 0.80 a 1.25), debido a que tras la menopausia el tejido adiposo toma el lugar del ovario como fuente principal de estrógenos (Cao y col., 2023). Dichos resultados son consistentes con los hallazgos de Fadhila y col. (2021) en su metaanálisis, quienes encontraron que las mujeres obesas tuvieron 1.52 veces más probabilidad de desarrollar CM posmenopáusico comparado con mujeres de peso normal (OR = 1.52; IC 95 %: 1.17 a 1.98; P = 0.002). Asimismo, Dehesh y col. (2023), en su revisión sistemática y metaanálisis, reportaron una OR combinada de 1.26 (IC 95 %: 1.19 a 1.34) para la asociación entre obesidad y CM posmenopáusico, con significancia estadística (P 0.001), y una OR de 0.93 (IC 95 %: 0.85 a 1.1) en mujeres premenopáusicas, sin significancia estadística, lo que concuerda con la ausencia de efecto en esa etapa descrita en la sección analizada.

 

Índice cintura-cadera (ICC) y grasa corporal

El ICC puede llegar a ser un predictor más eficiente que el IMC para el CM en mujeres posmenopáusicas, ya que aporta información de riesgo independiente de la obesidad general. Tras ajustar por el IMC, el ICC se mantuvo positivamente asociado con el riesgo de CM posmenopáusico (HR 1.15; IC 95 %: 1.00 a 1.32; P = 0.006), mientras que en este mismo análisis el IMC perdió parte de su asociación al considerar la CC (Houghton y col., 2021).

 

La grasa visceral tiene un mayor efecto que la masa corporal total. La obesidad evidenciada por el porcentaje de grasa corporal en peso normal (IMC < 25 kg/m2, grasa > 33 %) incrementa la probabilidad de CM posmenopáusico (HR 1.19; IC 95 %: 1.08 a 1.31; P ≤ 0.05), afectando entre el 15 % y el 30 % de las mujeres posmenopáusicas no detectadas por el IMC tradicional (Wang y col., 2025). En este sentido, el peso absoluto podría predecir de forma más eficiente el riesgo de desarrollar CM que el IMC en esta población (Ye y col., 2022).

 

La obesidad central, más que la obesidad general, evaluada por IMC, se asocia con un fenotipo tumoral más agresivo en mujeres con CM, lo cual es consistente con la superioridad del ICC como predictor de riesgo respecto al IMC (Sampaio-de-Andrade y Postorivo-Nauman, 2023).

 

Asimismo, Dehesh y col. (2023), plantearon como limitación de su metaanálisis no haber considerado medidas de distribución de grasa como la CC o el ICC, admitiendo que estos indicadores podrían capturar mejor la adiposidad y su relación con el CM. Por su parte, Silva y col. (2023) indicaron que la adiposidad central fue destacada como posible factor de riesgo independiente en al menos dos estudios de su revisión.

 

Estrógenos, obesidad y CM

Dashti y col. (2022), en un estudio de casos y controles anidado en una cohorte prospectiva, evaluaron la mediación biológica de la asociación entre obesidad y CM receptor de estrógeno positivo (RE+) específicamente. En este subtipo tumoral, el estradiol libre explicó el 29 % de dicha asociación, mientras que otros biomarcadores, insulina, leptina y proteína C reactiva (PCR) explicaron en conjunto el 47 % del riesgo total mediado biológicamente; aproximadamente un tercio de esta mediación se atribuyó al hiperestrogenismo y los dos tercios restantes a vías metabólicas. Estos porcentajes de mediación son específicos para CM RE+ y no deben extrapolarse a otros subtipos moleculares.

 

Geczik y col. (2022), en un estudio transversal, las mujeres posmenopáusicas presentaron niveles séricos más altos de estradiol (15.8 pg/mL vs 12.4 pg/mL) y más bajos de globulina fijadora de hormonas sexuales (SHBG, por sus siglas en inglés: Sex Hormone-Binding Globulin) (42.3 nmol/L vs 48.7 nmol/L), lo cual sugiere que la obesidad favorece el aumento de los niveles de estrógenos y altera sus mecanismos a nivel molecular. En las mujeres del estudio que presentaban obesidad, se observaron niveles reducidos de la relación “2-hidroxiestrona/16a-hidroxiestrona” (2-OH/16a-OH), lo que podría favorecer a la formación de metabolitos carcinogénicos en lugar de los protectores.

 

Macis y col. (2024) descubrieron que la presencia de obesidad (IMC > 30) incrementó el riesgo de CM posmenopáusico en un 71 % en comparación con las mujeres no obesas (HR 1.71; IC 95 %: 1.03 a 2.86; P = 0.04), y que la baja concentración de adiponectina tuvo una participación en este aumento en el riesgo.

 

Los hallazgos descritos están respaldados por la revisión sistemática de Sampaio-de-Andrade y Postorivo-Nauman (2023), quienes mencionaron que el tejido adiposo contiene altos niveles de la enzima aromatasa, que convierte andrógenos en estrógenos, y que, en mujeres posmenopáusicas obesas el tejido adiposo se puede convertir en la principal fuente de estrógenos circulantes, siendo este el mecanismo central que vincula obesidad con CM RE+. De forma complementaria, Silva y col. (2023) documentaron que, en mujeres con CM RE+ los niveles de estradiol no conjugado pueden actuar como mediador importante en la relación obesidad y CM, y que biomarcadores como insulina en ayuno, leptina y proteína C reactiva se presentaron más elevados en mujeres obesas con este subtipo tumoral, lo cual concuerda precisamente con los porcentajes de mediación biológica reportados por Dashti y col. (2022). Asimismo, Dehesh y col. (2023) revelaron que la reducción de receptores de SHBG en mujeres obesas posmenopáusicas puede ocasionar niveles más altos de estrógeno libre, mecanismo consistente con los valores de SHBG reportados en esta sección.

 

Mecanismos de acción de estrógenos en tejido adiposo posmenopáusico

La enzima aromatasa en el tejido adiposo convierte los andrógenos suprarrenales androstenediona y testosterona en los estrógenos estrona y estradiol, respectivamente, con una actividad que depende de la cantidad de grasa, lo que podría establecer una asociación positiva entre el IMC y los niveles séricos de estrógeno en mujeres posmenopáusicas, aunque la linealidad de dicha asociación requiere confirmación mediante estudios con medición directa de la actividad enzimática y reporte de coeficientes de correlación con su nivel de significancia (Brown, 2021; Naaman y col., 2022). La aromatasa presente en el tejido adiposo representa el mecanismo central mediante el cual la obesidad eleva los estrógenos circulantes en mujeres posmenopáusicas, ya que la grasa es un tejido metabólicamente activo con alta concentración de esta enzima (Sampaio-de-Andrade y Postorivo-Nauman, 2023).

 

La obesidad se puede llegar a asociar con hiperinsulinemia y desregulación de adipocinas, lo que podría contribuir a la generación de un microambiente metabólico favorable para la progresión tumoral. En este contexto, Thompson y col. (2021) observaron, en modelos in vitro, que el secretoma de tejido adiposo de individuos con obesidad se asocia con la activación de mTOR y LAT1 en líneas celulares receptoras de estrógeno (MCF-7 y T47D), lo que sugiere un posible aumento en la proliferación celular. Esto concuerda con Silva y col. (2023) quienes documentaron que la obesidad favoreció la carcinogénesis a través del aumento de leptina, ácidos grasos libres y TNF-a, generando hiperinsulinemia crónica y resistencia a la insulina, que promueven la proliferación celular e inhiben la apoptosis, mecanismos que convergen con la activación de mTOR descrita por Thompson y col. (2021). En otra revisión sistemática, se señala que, la disminución de la actividad física en mujeres mayores de 50 años contribuye a reducir los niveles de insulina e IGF-1, factores que en condiciones de obesidad funcionan de manera mitogénica promoviendo el crecimiento celular (Fadhila y col., 2021).

 

Cho y col. (2021), mediante un análisis transcriptómico de 196 muestras pareadas de sangre y tejido mamario en un diseño transversal analítico, encontraron que los biomarcadores de obesidad se asociaron con un perfil de expresión genética prooncogénico en tejido mamario, incluso en ausencia de lesiones malignas detectables. Este hallazgo es relevante, porque sugiere que la obesidad podría generar un campo de susceptibilidad carcinogénica a nivel molecular antes de que sean detectables cambios histológicos, aunque la naturaleza transversal del diseño impide establecer la dirección temporal de esta asociación.

 

Es importante señalar que, los estudios transversales incluidos presentan limitaciones, inherentes a su diseño, que restringen la inferencia causal. En particular, los estudios transversales de Cho y col. (2021) y Geczik y col. (2022), miden exposición y desenlace de forma simultánea, por lo que no es posible establecer si la obesidad precede a perfil prooncogénico identificado o viceversa. Thompson y col. (2021), en un estudio in vitro aportaron evidencia sobre mecanismos de acción de las vías biológicas implicadas; sin embargo, sus resultados no son directamente extrapolables al contexto clínico humano debido a la simplificación de los sistemas biológicos experimentales y al reducido número de replicados utilizados.

 

Interacciones genéticas y susceptibilidad individual al riesgo

Jung y col. (2021), mediante un GWAS con análisis G×E en 16 088 mujeres posmenopáusicas de la cohorte WHI (WHI, por sus siglas en inglés: Women's Health Initiative), identificaron 88 polimorfismos de nucleótido único (SNPs, por sus siglas en inglés: Single Nucleotide Polymorphism) distribuidos en 10 loci genómicos asociados con los niveles de IL-6 y PCR como marcadores de susceptibilidad inflamatoria al CM. Las variantes más relevantes se localizaron en loci de los genes IL6, CRP, HNF1A y LEPR, que regulan la producción basal de citocinas proinflamatorias y su modulación metabólica. La susceptibilidad al CM se modifica mediante dos mecanismos complementarios: el efecto directo de los genotipos de riesgo, que genera un estado proinflamatorio constitutivo capaz de activar las vías JAK/STAT3 y aumentar la expresión de aromatasa en el tejido adiposo mamario; y la amplificación por el fenotipo metabólico de obesidad, que potencia de forma multiplicativa el riesgo genético cuando coexiste con adiposidad visceral elevada. El análisis G×E reveló que la CC y el ICC mostraron interacciones con los genotipos de riesgo más fuertes que el IMC, señalando a la grasa visceral como el componente de la obesidad que amplifica preferentemente el riesgo genético inflamatorio. En sentido contrario, la actividad física regular atenuó el riesgo conferido por los genotipos proinflamatorios, lo que sugiere que las intervenciones en estilo de vida podrían modular la expresión del riesgo genético. Estos hallazgos indican que la susceptibilidad individual al CM en mujeres posmenopáusicas con obesidad no es uniforme, sino que está determinada por la interacción entre el perfil genético inflamatorio y el microambiente metabólico generado por la adiposidad.

 

Lee y col. (2025), en una cohorte coreana de más de 10 000 mujeres posmenopáusicas con CM RE+ y HER2-, encontraron que un IMC elevado puede estar asociado con niveles bajos o negativos del receptor de progesterona, sugiriendo que la obesidad puede modificar el comportamiento tumoral y favorecer fenotipos más agresivos.

 

Schindler y col. (2024) realizaron un estudio de cohorte prospectiva para evaluar cómo la obesidad, la raza y el estadio tumoral influyen en el pronóstico. Los resultados mostraron que la obesidad por sí sola no se asoció de forma independiente con una peor evolución de la enfermedad. Sin embargo, cuando se analizó la combinación de raza y obesidad, las mujeres de raza negra tanto con obesidad (HR 2.19; IC 95 %: 1.06 a 4.51; P ≤ 0.05) como sin ella (HR 2.11; IC 95 %: 1.05 a 4.21; P ≤ 0.05) presentaron aproximadamente el doble de riesgo de progresión de la enfermedad en estadios tempranos (0-II), en comparación con mujeres no negras con obesidad. Dehesh y col. (2023) son quienes más directamente abordan la variabilidad geográfica y poblacional en la asociación entre obesidad y CM, reportando que las mujeres asiáticas posmenopáusicas obesas tienen un riesgo considerablemente mayor (OR = 1.49; IC 95 %: 1.32 a 1.69; P ≤ 0.000 1) que las europeas (OR = 1.10; IC 95 %: 0.97 a 1.25; P = 0.000 1 para heterogeneidad; asociación no significativa), lo cual sugiere que, factores genéticos y de origen genético modifican la magnitud de esta asociación, similar con lo planteado por Schindler y col. (2024) respecto a las diferencias por raza; aunque el estado menopáusico no se mencionó explícitamente como variable en este último estudio, el grupo de edad de ≥ 60 años, que concentra los hallazgos más importantes, presenta una prevalencia de menopausia natural superior al 95 % según datos poblacionales. Por ello, sus resultados son relevantes en el contexto de esta revisión con la cautela correspondiente (Tabla 3).

 

Implicaciones pronósticas y respuesta terapéutica

A una muestra de 13 230 mujeres posmenopáusicas y con cáncer RE+ se le administró un tratamiento con inhibidores de aromatasa (Harborg y col., 2023). Se observó que las mujeres con obesidad (IMC 30 kg/m2 a 34.9 kg/m2) presentaron un incremento del 18 % en la tasa de recurrencia (HR 1.18; IC 95 %: 1.01 a 1.37; P ≤ 0.05) y las mujeres con obesidad severa (IMC ≥ 35 kg/m2) un incremento del 32 % (HR 1.32; IC 95 %: 1.08 a 1.62; P ≤ 0.05), ambas en comparación con las mujeres con peso normal que recibieron el mismo tratamiento. Los investigadores propusieron que el tejido adiposo en exceso mantiene una producción residual de estrógenos mediante la actividad de la enzima aromatasa, lo que compromete la eficacia de los inhibidores de aromatasa al contrarrestar parcialmente su mecanismo de acción. Este hallazgo es clínicamente relevante porque sugiere que la obesidad no solo incrementa el riesgo de desarrollar CM, sino que además compromete la respuesta al tratamiento hormonal en mujeres ya diagnosticadas. Shirdarreh y Pezo (2021) reportaron en su revisión sistemática sobre inhibidores de aromatasa, que 5 de 8 estudios analizados sugieren un impacto negativo de la obesidad sobre la eficacia de estos fármacos, particularmente anastrozol, donde las mujeres con IMC elevado presentaron mayor riesgo de recurrencia.

 

El síndrome metabólico incrementa la mortalidad independientemente del IMC (HR 1.44; IC 95 %: 1.02 a 2.04; P = 0.03), lo que indica que la disfunción metabólica en sí misma determina un pronóstico adverso para el CM (Chlebowski y col., 2024).

 

Dentro de las terapias propuestas, se ha encontrado que el ejercicio físico reduce los niveles de estrógenos endógenos en un 10 % a 15 % y aumenta la SHBG entre 10 % y 20 %, lo cual ha sido demostrado de forma clínica (Dimauro y col., 2021). Estos datos son consistentes con la revisión sistemática de Sampaio-de-Andrade y Postorivo-Nauman (2023), en donde se menciona que la pérdida de peso, incluyendo la cirugía bariátrica, se asocia con reducción del riesgo de CM, y que la actividad física combinada con dieta equilibrada constituye una medida preventiva con evidencia creciente.

 

Una mayor expresión de LEPR (receptores de la hormona leptina) en los tumores mamarios se ha relacionado con una mayor masa grasa corporal, lo que ha permitido establecer un vínculo molecular entre la adiposidad y la señalización de leptina (Llanos y col., 2022). Además, proteínas relacionadas con la obesidad (inflamación crónica de bajo grado) han servido también como biomarcadores de riesgo, ya que indican una desregulación inflamatoria y metabólica (Diao y col., 2021). La evidencia científica mostró que otros biomarcadores inflamatorios (como la proteína C reactiva, interleucina-6 y especies reactivas de oxígeno) se correlacionan positivamente con el estadio tumoral en mujeres RE+, respaldando el papel de la inflamación crónica de bajo grado como determinante pronóstico descrito (Silva y col., 2023).

 

La obesidad abdominal y el síndrome metabólico se pueden asociar con un pronóstico de supervivencia (Taroeno-Hariadi y col., 2022), mientras que la prostaglandina E2 (PGE2) surge como un mediador lipídico inflamatorio adicional en la carcinogénesis asociada a la obesidad (Kim y col., 2023). En las revisiones sistemáticas analizadas no se abordan específicamente la prostaglandina E2 como mediador lipídico inflamatorio ni la expresión de LEPR como biomarcador molecular de adiposidad tumoral, por lo que estos elementos representan contribuciones más recientes y específicas a nivel de mecanismos de acción, que amplían el marco explicativo disponible en las revisiones de referencia.

 

 

Implicaciones clínicas potenciales y líneas emergentes

La siguiente sección no constituye recomendaciones clínicas formales, sino una síntesis exploratoria basada en evidencia emergente, orientada a identificar áreas prioritarias para el diseño de futuras intervenciones e investigaciones con enfoque metabólico y nutricional.

 

La intervención sobre el estilo de vida constituye la estrategia con mayor respaldo en la literatura para reducir la exposición estrogénica endógena en mujeres posmenopáusicas con obesidad. El ejercicio físico regular ha demostrado reducir los niveles de estrógenos endógenos y aumentar la SHBG, mecanismos directamente relacionados con la reducción del riesgo de CM RE+ (Dimauro y col., 2021). Por su parte, Wiggs y col. (2021), refuerzan esta evidencia al documentar que tanto la dieta como el ejercicio físico modulan de forma sinérgica los niveles de estrógenos endógenos y el perfil metabólico en mujeres posmenopáusicas, con efectos favorables sobre los principales biomarcadores de riesgo oncológico, incluyendo la insulina, la leptina y la adiponectina.

 

El patrón dietético mediterráneo, con restricción calórica moderada, ha mostrado efectos favorables sobre el perfil hormonal y metabólico en mujeres posmenopáusicas, incluyendo reducción de estrógenos circulantes, mejora de la sensibilidad a la insulina y modulación del perfil de adipocinas (Marino y col., 2023). En una revisión integral sobre riesgo y prevención de CM se señala que las intervenciones dietéticas orientadas a reducir la adiposidad y la inflamación crónica constituyen una de las estrategias preventivas con mayor potencial en mujeres posmenopáusicas, y destacan la necesidad de ensayos clínicos aleatorizados que evalúen patrones dietéticos específicos en relación con biomarcadores estrogénicos y de riesgo oncológico (Stordal y col., 2024).

 

Compuestos bioactivos presentes en alimentos como el resveratrol, los ácidos grasos omega-3 y los índoles derivadas de vegetales crucíferos han mostrado, en estudios preclínicos y algunos ensayos clínicos, capacidad para modular vías relacionadas con el riesgo de CM. En particular, el resveratrol ha demostrado en modelos CM RE+ inhibir la actividad de la aromatasa y reducir la proliferación celular estrógeno dependiente mediante la modulación del metabolismo esteroideo (Poschner y col., 2018). Un ensayo clínico piloto en mujeres posmenopáusicas con IMC elevado (IMC ≥ 25 kg/m2) reportó que la suplementación con resveratrol aumentó en un 10 % los niveles de SHBG y en un 73 % la excreción urinaria de 2-hidroxiestrona, favoreciendo el ratio 2-OH/16a-OH hacia la vía protectora del metabolismo estrogénico (Chow y col., 2014). Los ácidos grasos omega-3 han mostrado capacidad para modular biomarcadores de riesgo de CM en mujeres posmenopáusicas con hiperplasia citológica en estudios piloto de fase II (Fabian y col., 2015). Los indoles derivados de vegetales crucíferos, en particular el indol-3-carbinol (I3C) y su metabolito activo diindolilmetano (DIM), han mostrado efectos antiestrogénicos y antiangiogénicos en modelos preclínicos de CM (Licznerska y col., 2013). Sin embargo, la evidencia clínica en mujeres posmenopáusicas con CM asociado a obesidad es aún limitada, proviene principalmente de estudios piloto de pequeño tamaño muestral, y no permite establecer recomendaciones de uso rutinario fuera de un contexto de investigación controlada.

 

Amadou y col. (2024), en una cohorte de mujeres posmenopáusicas, demostraron que los fenotipos de composición corporal basados en múltiples variables antropométricas, más allá del IMC aislado, ofrecen una caracterización más precisa del riesgo de CM, identificando patrones de distribución de grasa con implicaciones causales distintas. Como se ha discutido en secciones anteriores, el IMC presenta limitaciones importantes como único indicador de adiposidad, al no distinguir entre masa grasa, masa muscular ni distribución regional de la grasa corporal. La evaluación directa de la composición corporal mediante la absorciometría dual de rayos X (DXA, por sus siglas en inglés: Dual-energy X-ray Absorptiometry) ha mostrado asociaciones más precisas con el riesgo de CM posmenopáusico que las medidas antropométricas convencionales. En un análisis de 10 931 mujeres posmenopáusicas de la cohorte WHI, la masa grasa total y la masa grasa del tronco medidas por DXA se asociaron con el doble de riesgo de CM invasivo (HR 2.17; IC 95 %: 1.54 a 3.05 y HR 2.20; IC 95 %: 1.55 a 3.14, respectivamente) en comparación con el quintil inferior, asociaciones que persistieron tras el ajuste por IMC y otros factores convencionales de riesgo (Arthur y col., 2020). En este contexto, la bioimpedancia eléctrica (BIA, por sus siglas en inglés: Bioelectrical Impedance Analysis) ha sido validada como método alternativo para la evaluación de la composición corporal en mujeres con CM, demostrando que es posible adaptar sus parámetros a los resultados obtenidos por DXA mediante relaciones matemáticas establecidas, lo que facilita su uso en contextos clínicos con recursos limitados (Baş y col., 2023). La incorporación sistemática de estas herramientas en estudios futuros sobre riesgo de CM permitiría superar las limitaciones del IMC como única métrica de adiposidad, documentadas en varios estudios de esta revisión (Houghton y col., 2021; Ye y col., 2022; Wang y col., 2025) e identificar con mayor precisión el umbral y la distribución de adiposidad a partir de los cuales, el riesgo oncológico se incrementa de forma significativa, una brecha de conocimiento identificada en la literatura reciente sobre obesidad y CM posmenopáusico.

 

El monitoreo de biomarcadores séricos que reflejan el estado hormonal, metabólico e inflamatorio representa una línea de investigación prometedora para la estratificación del riesgo y la evaluación de la eficacia de intervenciones en mujeres posmenopáusicas con obesidad. Entre los biomarcadores con mayor sustento en la literatura se encuentran el estradiol libre (Geczik y col., 2022) y la SHBG como indicadores del microambiente estrogénico (Dashti y col., 2022), la insulina en ayuno y el índice HOMA-IR como marcadores de resistencia insulínica (Macis y col., 2024), la proteína C reactiva ultrasensible como indicador de inflamación crónica de bajo grado (Diao y col., 2021), y la leptina y la adiponectina como representantes del perfil de adipocinas con mayor implicación en la carcinogénesis mamaria (Llanos y col., 2022; Macis y col., 2024). Naaman y col. (2022) enfatizan que la integración de estos biomarcadores en un panel multiparamétrico permitiría capturar de forma más completa la complejidad del microambiente metabólico-hormonal que subyace a la asociación entre obesidad y CM, superando las limitaciones de los enfoques basados en indicadores antropométricos aislados.

 

Limitaciones del estudio

La revisión sistemática presenta varias limitaciones relevantes para la interpretación de sus hallazgos. En primer lugar, el protocolo no fue registrado en PROSPERO u otro repositorio, lo que limita la transparencia y trazabilidad; sin embargo, se documentaron detalladamente los métodos siguiendo las recomendaciones PRISMA 2020 (Page y col., 2021). En segundo lugar, la alta heterogeneidad entre los estudios impidió realizar un metaanálisis. Esta heterogeneidad se manifestó a nivel clínico (diversas definiciones de exposición, desenlaces y características poblacionales), metodológico (coexistencia de diseños como cohortes, estudios transversales, aleatorización mendeliana y estudios genómicos) y estadístico (variabilidad en los estimadores y covariables de ajuste).

 

En tercer lugar, no se calculó un estadístico formal de concordancia entre revisores durante la evaluación de calidad, aunque se aplicaron herramientas validadas de manera independiente y las discrepancias se resolvieron por consenso. Además, la restricción de la búsqueda al periodo 2019 a 2025 pudo introducir sesgos debido a la cobertura temporal.

 

La inclusión de Schindler y col. (2024), cuya cohorte abarca mujeres a partir de los 18 años y que no especifica el estado menopáusico como criterio de inclusión ni como variable de análisis, se justifica porque los hallazgos más relevantes se concentran en el grupo de edad ≥ 60 años, donde la prevalencia de menopausia natural supera el 95 %. Además, este grupo presentó la interacción raza-obesidad estadísticamente significativa. Por ello, se recomienda que los resultados se interpreten con cautela respecto a su aplicabilidad solo a mujeres posmenopáusicas, y además, sus hallazgos sobre la interacción raza-obesidad en el pronóstico del CM deben considerarse como evidencia complementaria, no como evidencia principal de riesgo en mujeres posmenopáusicas.

 

De los 23 estudios incluidos, 15 no midieron directamente los niveles de estrógenos, ni bio-marcadores del metabolismo estrogénico, lo cual limita la capacidad de la síntesis para establecer una relación completa entre adiposidad, desregulación estrogénica y riesgo de CM en todos los estudios. Esta limitación es propia de los diseños de cohortes prospectivas a gran escala, en las que la medición sistemática de biomarcadores séricos no suele estar en el protocolo inicial. Sin embargo, los nueve estudios que sí midieron estos parámetros, incluyendo análisis de mediación causal, estudios transcriptómicos y ensayos clínicos, ofrecen evidencia de mecanismos moleculares que complementan los datos epidemiológicos. Esto representa una fortaleza de la síntesis narrativa, ya que integra diferentes niveles de evidencia para una comprensión más integral del fenómeno.

 

CONCLUSIONES

En conjunto, los hallazgos de esta revisión sistemática demuestran que, la obesidad posmenopáusica, evaluada más allá del IMC mediante métricas de composición corporal y biomarcadores, se asocia con alteraciones en el microambiente estrogénico, resistencia a la insulina e inflamación crónica de bajo grado, factores que convergen en la promoción de la carcinogénesis mamaria. La evidencia respalda la noción de que el tejido adiposo no actúa únicamente como reservorio energético, sino como un órgano endocrino activo que contribuye a la producción periférica de estrógenos mediante la actividad de la aromatasa y la modulación de adipocinas (leptina y adiponectina) y mediadores inflamatorios (IL-6 y la PCR), cuyas variantes genéticas modulan adicionalmente la susceptibilidad al riesgo. Los resultados de la presente revisión permiten afirmar que la relación obesidad-CM en mujeres posmenopáusicas no es uniforme ni exclusivamente mediada por el hiperestrogenismo, sino que involucra al menos tres vías paralelas e interconectadas: la vía estrogénica mediada por aromatasa, la vía metabólica mediada por hiperinsulinemia y resistencia a la insulina, y vía inflamatoria mediada por adipocinas y citocinas proinflamatorias. Dicha distinción tiene implicaciones directas para el diseño de estrategias de prevención, ya que sugiere que intervenciones dirigidas exclusivamente a reducir el IMC podrían ser insuficientes si no abordan simultáneamente la disfunción metabólica y el estado inflamatorio subyacente. Respecto a las intervenciones, la evidencia disponible en el período revisado (2019 a 2025) sugiere que la modificación del estilo de vida, incluyendo patrones dietéticos con componentes antiinflamatorios y actividad física regular podría modular algunos de los mecanismos identificados; sin embargo, esta afirmación debe matizarse ante la ausencia de ensayos clínicos aleatorizados de alta calidad que evalúen específicamente el efecto de dichas intervenciones sobre el riesgo de CM posmenopáusico en mujeres con obesidad. Los estudios disponibles son predominantemente observacionales, con una heterogeneidad metodológica sustancial en las métricas de adiposidad empleadas y en los desenlaces evaluados, lo que limita la generalización de los resultados y la formulación de recomendaciones clínicas específicas. Las brechas de conocimiento identificadas señalan la necesidad de estudios longitudinales prospectivos y ensayos clínicos aleatorizados que: incorporen herramientas de evaluación de la composición corporal más allá del IMC, como DXA y BIA; incluyan paneles de biomarcadores séricos que capturen simultáneamente las vías estrogénica, metabólica e inflamatoria; y representen adecuadamente a poblaciones de diversas ascendencias, dada la variabilidad genética en la susceptibilidad al riesgo documentada por los estudios de asociación genómica incluidos en esta revisión. En suma, la evidencia sintetizada apoya que el abordaje de la obesidad desde una perspectiva metabólico-hormonal integral constituye una dirección prometedora para avanzar en la prevención personalizada del CM posmenopáusico, con la condición de que las estrategias específicas sean validadas mediante investigación de mayor nivel de evidencia.

 

Declaración de conflicto de intereses

Los autores declararon no tener conflictos de intereses de ningún tipo.

 

Referencias

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